Columnista - Luis Garcia Miró Elguera

Serio revés para Vizcarra

Luis Garcia Miró Elguera

12 oct. 2019 03:20 am
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De manera unánime, inmediata, contundente y ejemplar, los organismos encargados de los procesos electorales –Jurado Nacional de Elecciones, ONPE y RENIEC- han resuelto tácitamente la inconstitucionalidad de la convocatoria a comicios congresales que pretendiera imponer el régimen golpista de Vizcarra, trasgrediendo el artículo 134 de la Constitución. Una lección edificante impartida por cinco magistrados electorales, a quienes el país les agradece: Víctor Ticona Postigo, Luis Carlos Arce Córdova, Raúl Chaname Orbe, Ezequiel Chávarry Correa y Jorge Armando Rodríguez Vélez.

Escribíamos ayer que, pese a que la oposición democrática califica de inconstitucional el DU que clausura este Congreso, el golpismo insistía en pisotear la Carta apelando a criterios de “excepcionalidad”. En efecto, al amparo de un DU buscaba manipular a los órganos electorales induciéndoles a modificar el artículo 134 de la Constitución, que manda que en situaciones como las actuales deberá convocarse a elecciones “dentro de los cuatro meses de la fecha de disolución del Congreso y sin que pueda alterarse en sistema electoral preexistente”. Pero resulta que no sólo ya no encajan los plazos – dado lo precipitado de la convocatoria- sino que además Vizcarra quería que en estos comicios rigieran las reformas que, al amparo de la cuestión de confianza, él obligó a que el Congreso las imponga en el sistema electoral. Como las elecciones internas en los partidos, la financiación de éstos, prohibir la reelección de los legisladores, etc.

Sin embargo, constitucionalmente sólo el Legislativo puede modificar la Carta Magna. En tal sentido las órganos electorales simple y llanamente han desoído el ilegal llamado de Vizcarra a que infrinjan la Carta, evitado democráticamente que en los comicios de enero de 2020 –que tienen evidente carácter complementario- se aplique la “reforma electoral” vizcarrina que fue publicada en agosto último. Tremendo impacto al plexo de Vizcarra. No sólo porque ha quedado en flagrancia su espíritu fariseo –pretendiendo utilizar a las autoridades electorales para que trasgredan la Carta, en vez de hacerlo él- sino que inclusive sería irónico que en el Parlamento que se elija el próximo año acabasen sentados en alguna curul muchos de aquellos legisladores a quienes él ha maltratado pisoteando la Constitución.

Pero independientemente de este grotesco manoseo de la Ley de Leyes por parte de quien justamente está obligado a defenderla –un personaje oscuro, aupado al poder por la vía indirecta, disfrazado de demócrata para consumar sus intenciones, y ligado a expedientes de corrupción que investiga la Fiscalía desde que se desempeñó como gobernador de Moquegua y ministro de Transportes- sucede que toda esta comedia convertida en tragedia (montada por Martín Vizcarra en contubernio con la progresía comunista) sencillamente ha terminado de resquebrajar la estabilidad social, política y económica de la nación. Resquebrajamiento que empezara con Humala y se acentuó con Kuczynski. Dos ex mandatarios imputados por gravísimos hechos de corrupción. En este orden de cosas, fluye un mismo hilo conductor entre estos tres personajes: la corrupción. Sin embargo, por arte de birlibirloque resulta que el presidente golpista se jacta de liderar un régimen que “combate la corrupción”. ¡Cualquier día!

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