Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:



¡Siguen tomándonos el pelo!

Tronaron las alarmas en los altos círculos de gobierno -en ese entonces presidido por la fórmula Kuczynski/Vizcarra/Aráoz- y en las cúpulas empresariales -particularmente del sector construcción- desde que a finales de 2016 explotara en USA el endemoniado affaire Odebrecht. En Lima se desató el caos y cundió la desesperación. ¿La razón? Desde su Departamento de Justicia, los Estados Unidos había señalado a 12 naciones latinoamericanas de haber recibido multimillonarios sobornos de este mega consorcio empresarial brasileño, a cambio de contratos. Como regalo navideño, el 22 de diciembre de 2016 EEUU le endosaba semejante escándalo a los gobiernos de 12 países de esta región, entre los cuales estaba el nuestro, demandándoles que iniciasen inmediatas acciones para investigar la trama de corrupción que había descubierto Washington, respecto a la cual ya la Justicia norteamericana ya había acordado sancionar a esa empresa con drásticas, ejemplificadoras medidas. Es más Washington informaba que “durante y/o entre 2001 y 2016, Odebrecht, junto a sus cómplices, de manera consciente y deliberada conspiró y acordó con otros otorgar ilegítimamente cientos de millones de dólares en pagos y otras compensaciones para sobornar” a funcionarios, periodistas, partidos políticos, miembros de organizaciones políticas, presidentes, y tanto candidatos presidenciales como congresales, “para asegurar una indebida ventaja e influenciar a esos gobiernos a efectos de obtener y operar negocios en dichos países”.

Bajo esta trama, Odebrecht había pagado US$349 millones en Brasil y US$439 millones en once países más. Ese mismísimo día Colombia, Ecuador, República Dominicana y Panamá solicitaban información oficial a la Justicia estadounidense para formalizar acusaciones contra los culpables. Perú, sin embargo, guardó cómplice silencio. Este preámbulo retrata claramente la escandalosa actuación de los gobernantes -tanto Kuczynski como Vizcarra-, de la Fiscalía y del Poder Judicial, desempeñándose como auténticos felpudos de Odebrecht y sus consorciadas locales. Van tres años y sólo se ha producido una -tramposamente formalizada- denuncia fiscal contra el prófugo Toledo. Tan mañosa que el toledano sigue refugiado en California. Lo único que ha permitido todo este cerro de podredumbre dejado por el escándalo Lava Jato que se institucionalice la persecución política contra los opositores al oficialismo. Mientras los verdaderos culpables de esta monumental trama de corrupción siguen ahí, tan campantes, haciendo gala de su poder (político económico, mediático, empresarial, etc.). ¿O acaso Odebrecht y sus cómplices locales -empezando por Graña y Montero- no son las niñas bonitas del presidente Vizcarra (quien les permite seguir contratando con el Estado al cual le han robado miles de millones); o de estos fiscales politizados Domingo Pérez Gómez, Rafael Vela Barba (suscriptores de un pacto artero contra el Perú), o del tan contemplativo procurador Jorge Ramírez (que continúa abogando porque Odebrecht y sus consorciadas sigan trabajando para el Estado “para que tengan recursos para pagar las indemnizaciones al Estado”; vale decir que con el dinero de los contribuyentes -que son quienes financian las obras públicas- las corruptas y corrompedoras organizaciones criminales paguen las reparaciones que nos deben), etc.?

¿Hasta cuándo la sociedad peruana continuará embobada por este régimen golpista y su coro mediático, protectores de semejante mafia?



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