Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

¿Subir o bajar el gasto público?

El Gobierno parecería encontrarse atrapado en un dilema irresoluble. Subir o bajar el gasto público. El problema es que mientras solventa tamaña cuadratura del círculo la economía nacional se resiente cada hora. Sin embargo existen indicadores claros que deberían enrumbar a las autoridades del MEF –y al propio presidente Martín Vizcarra– a decidirse por una de ambas alternativas. Se trata del déficit fiscal. Es evidente que el guarismo del descubierto que venimos arrastrando desde los años de Humala no solo tiende a hacerse crónico –alrededor del 2.5 % del PBI, porcentaje de por sí alto para cualquier economía; con mayor razón para una fragilizada como la nuestra– sino que la tendencia deficitaria sigue al alza, aún con inclinación a traspasar el hito del 3 % del PBI o, inclusive, algo más si este gobierno no pega pronto un golpe de timón para evitarlo. En consecuencia el sentido común indica que la cosa va más bien por reducir el gasto estatal. Para nadie es un secreto que –también– desde los lamentables años de gestión nacionalista el Perú se abocó a un frenético ritmo de dispendio, provocado por el subconsciente de Ollanta y Nadine Humala que recomendaba ocultar sus robos y corruptelas bajo la túnica de una falaz bonanza económica. Como desenlace, aquel derroche se convirtió en cortina de humo para esconder las OAS, Lava Jato y demás podredumbres que cebaban a la cúpula del socialismo sudaca instaurado por Nadine y Ollanta. Pero claro, semejante despilfarro pasó factura a los peruanos haciendo crisis fundamentalmente en los últimos dieciocho meses del régimen nacionalista. Kuczynski heredó el forado, pero se quedó callado pretendiendo ganar avemarías de la izquierda como garantía para resguardar su desafortunada gestión. Lo demás constituye aquel deplorable día a día que vive una sociedad sin rumbo y mucho menos mando definido.

En este orden de cosas, al presidente Vizcarra no debería temblarle el pulso al tiempo de decidir qué hacer para evitar que el país siga camino al despeñadero. Su obligación es re-du-cir la prodigalidad con la que viene manejándose la caja fiscal –hace ya siete años– con resultados evidentemente agobiantes.

Recordemos que el Estado responde por las necesidades de todos los ciudadanos. No es patrimonio de grupos, elites ni privilegiados. Si hay que ajustarse el cinturón –como ocurre en estos momentos, salvo que decidamos regresar a la noche de los tiempos de los ochenta– pues que se lo ajusten todos. No es posible que los pobladores sean los paganos de dilapidaciones delictivas, como esos US$ 5,500 millones quemados en Talara; US$ 1,800 millones pulverizados en organizar los Panamericanos; US$ 7,500 millones dinamitados en la Línea 2 del tramo del Metro más caro del planeta, así como tantas otras corruptelas concebidas por Humala y ejecutadas por Kuczynski. Alguien debe responder por cerca de US$ 15,000 millones di-la-pi-da-dos en forma por demás temeraria por dos regímenes que han hecho mucho daño al Perú.

El dilema que embarga al presidente Vizcarra –aumentar o reducir el gasto– debe solventarlo inmediatamente ordenando el cese de todo desembolso no indispensable. Como la pervertida publicidad estatal.

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