Luis Garcia Miró Elguera

Luis Garcia Miró Elguera

EL MUNDO AL REVÉS

Acerca de Luis Garcia Miró Elguera:

Una sociedad indolente y medrosa

Nadie protesta contra el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos CIDH que le ordena al Poder Legislativo peruano no investigar a aquellos cuatro integrantes del Tribunal Constitucional TC –Manuel Miranda, Carlos Ramos, Marianella Ledesma y Eloy Espinosa– que alteraron el sentido del voto del tribuno Juan Vergara Gotelli para reabrir el ignominioso “Caso El Frontón”. Hablamos de un intento de golpe de Estado extranjero perpetrado por una corte transnacional –dominada por el socialismo sudaca– que insiste en apropiarse de naciones sin personalidad, sin coraje ni decisión, tal como viene comportándose nuestra ciudadanía que se deja toquetear sin protestar. Y menos todavía denunciar internacionalmente aspiraciones tan antidemocráticas como aquella persistente intrusión de la CIDH en asuntos que incumben únicamente a nuestro país.

Que un juez brasileño, costarricense, argentino o lo que fuere –por cierto, compañeros de banca de personajes como Diego García Sayán, ex mandamás de la CIDH– venga a ordenar a un poder del Estado peruano que “no puede investigar” a quienes forman parte de un Tribunal cuyos integrantes han sido nombrados, precisamente, por el poder del Estado al cual la CIDH pretende recortarle ese derecho constitucional, es un acto que merece el más sonoro rechazo de toda la sociedad peruana. Empezando por el repudio de sus autoridades. Desde el presidente de la República, pasando por quienes conforman el Parlamento Nacional (directamente afectado en sus derechos), así como por nuestros jueces; y cómo no, por los propios tribunos del TC que tanto se jactan de defender nuestra Constitución, hoy atacada por un ente transnacional como es la CIDH. Porque, amigo lector, nadie puede quitarle –ni tampoco agregarle– derechos y deberes constitucionalmente garantizados a alguno de los tres poderes del Estado peruano sin caer en una flagrante violación del Estado de Derecho, en el quebrantamiento de los principios democráticos y, fundamentalmente, en la profanación del privilegio exclusivo que tenemos los ciudadanos peruanos de cambiar las reglas constitucionales dentro del ordenamiento que manda nuestra Carta Magna. Porque a fin de cuenta, somos los peruanos los únicos facultados a hacerlo. ¡Sépanlo muy bien, togados de la CIDH! Y si el Tribunal Constitucional –como ocurre con su actual conformación, mayoritariamente digitada por Ollanta Humala, acusado de corrupción que busca zafarse de la Justicia contra viento y marea– transgrede la ley o quebranta su propio código, entonces para eso está el Congreso que, de acuerdo a la norma constitucional, puede sancionar a los miembros del TC que incurran en semejante estropicio.

Pero la indolencia y lamentable tibieza de nuestra sociedad –acostumbrada a aplaudir todo lo que proponga y disponga esa izquierda mundial que mañana, tarde y noche le vende cebo de culebra; como en este caso que ha manoseado al Poder Legislativo peruano y la gente no ha levantado una ceja protestando contra tamaña arremetida de la CIDH– permite que ocurran atentados como este. Corolario: la izquierda apretará aún más el acelerador para finalmente capturarnos, cual conejillo de indias, con miras a consolidar su experimento de gobernar Latinoamérica desde la socialista corte de San José.

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