Luis Garcia Miró Elguera

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EL MUNDO AL REVÉS

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Vizcarra claudicó ante el poder mediático

El poder mediático volvió a doblegar al Poder Ejecutivo. Claro, un Ejecutivo blandengue y huérfano de apoyo político, aunque con expectativas populares que, al ritmo actual, muy pronto se desvanecerán. Esto de acuclillarse muerto de miedo por la campaña de chantaje que orquestó el consorcio de la concentración mediática –junto a otros grupos periodísticos acostumbrados a vivir del presupuesto nacional, dizque para informar y opinar con “libertad”– dirigida a forzar al gobierno de Martín Vizcarra a oponerse al proyecto de ley Mulder aprobado por el Congreso, sólo revela que estamos frente a un régimen que continuará el statu quo heredado de la desafortunada gestión PPK. El presidente Vizcarra sabe que su régimen ya no podrá observar esta ley en caso de que el Parlamento Nacional insista en promulgarla por su cuenta. Porque antes Kuczynski ya lo hizo. Podrá acudir al politizado Tribunal Constitucional para conseguir apoyo. Pero el Poder Ejecutivo no tendría cómo evitar que el Poder Legislativo insista en aprobar la norma destinada a prohibir que los gobernantes dispendien centenares de millones de soles en comprar la conciencia de trusts mediáticos para que respalden sus gestiones.

Los peruanos no son tontos, presidente Vizcarra. Este argumento inconsistente que ha sacado de la chistera –“necesitamos informar sobre la reconstrucción las vacunas, etc., y para eso no vamos a permitir que se nos prohíba hacerlo”– no tiene nada que ver con el comportamiento corrupto de derrochar S/ 571 millones en sólo diecisiete meses en Publicidad Estatal, como hizo PPK, adjudicados a cuatro grupos mediáticos para tenerlos de su lado. Claro, con dinero del contribuyente. Es más, en cualquier parte del mundo los periódicos, canales de televisión y estaciones radiales informan sobre las actividades del Gobierno, y la gente se entera de lo que sucede en su país a través de aquello. No de costosos avisos oficiales que, dicho sea de paso, nadie lee. Por último, si se trata de anunciar algo determinado que revista gran interés entre la población, pues en ese caso el Estado contratará un aviso específico para hacerlo. Sin embargo, como pueden comprobarlo los ciudadanos, esta eventualidad ocurre cada muerte de un obispo. No diariamente –menos aún de manera intensiva– como para que el Estado desembolse centenares de millones de soles cada año –que en todo caso deberían asignarse a Educación, Salud y Seguridad Pública– para comprarles espacios publicitarios a los mismos cuatro grupos periodísticos que encabeza el consorcio de la concentración mediática en esta nación. No existe entonces justificación alguna –válidamente probada– para que el presidente de la República sostenga que el Gobierno “necesita informar” al país –sobre lo que fuere– y que para ello hace falta que el Estado derroche en publicidad estatal presupuesto que no tiene para atender los servicios elementales de la población. Esta es una conclusión pueril desde todo punto de vista. Es más, encarna el razonamiento que hacen precisamente los esbirros del consorcio de la concentración mediática.

Estamos advertidos. El presidente Vizcarra claudicó ante el poder mediático. Muy mal presagio para lo que queda de su gobierno.





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