Luis Garcia Miró Elguera

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EL MUNDO AL REVÉS

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Vizcarra: Un silencio cómplice

Vivimos en medio de un caos nacional que, aparentemente, sólo preocuparía a la generación que sacó al país de la quiebra socioeconómica –terrorismo incluido- de los ochenta; y estamos amenazados por este ambiente revolucionario regional cuya meta es comunizar Latinoamérica, fraguado entre Cuba y Venezuela -y auspiciado por el Foro de Sao Paulo- que ha estallado en Ecuador, Bolivia, Chile y amenaza hacerlo en Colombia y Perú. En medio de esa complejísima coyuntura, ocurre que el presidente golpista Vizcarra, sumido en honda preocupación, añora “una pronta solución al conflicto político y social que hoy vive Bolivia, para retomar los convenios con el Perú suscritos con Evo Morales, con quien mantuvimos una relación estrecha, cordial e inclusive de amistad.

Una relación muy cercana porque era una relación de gobiernos amigos.” Hombre, qué bien disimulada mantenía Vizcarra esta “relación” con Evo, considerando que dicho tirano gobernó Bolivia durante década y media amparado en un mecanismo diseñado por el impresentable Chávez. Aunque este año -cuando los bolivianos gritaron ¡Basta! ante su cuarta reelección- a Morales no le tembló la mano para ordenar un masivo fraude electoral que iba a santificarlo un lustro más en el poder, de no ser por la valentía del pueblo boliviano y por el coraje de encastados políticos como Carlos Meza. Vale decir, Evo Morales no es únicamente un chavista redomado, narco soterrado y dictadorzuelo cualquiera sino, además, un tramposo consumado, acatando el inventario de todo líder socialista regional. Al atrabiliario Evo -con quien Vizcarra mantuvo “una relación muy cercana- el golpista peruano lo “evoca” en el preciso momento en que el marxismo sudaca insiste en secuestrar a Ecuador, Chile y Bolivia y ahora pretende hacer lo propio con Colombia y Perú. ¿Coincidencia o estrategia planificada?

Vizcarra se aferra al cargo presidencial que le facilitara un Congreso que ya no existe, pues fue cerrado por el golpe de Estado que él sigue encabezando. Como tal gobierna autocráticamente con el mayor desparpajo, asemejándose a sus pares chavistas. En este escenario Vizcarra se suma a la turba roja latinoamericana que exige un “cambio cultural revolucionario”. En su caso, respaldado por un periodismo vil comprado con la publicidad estatal, apoyado por militares vendidos a cambio de ascensos, e idolatrado por la chusma politiquera que ha corrompido el escenario democrático tradicionalmente operado por los partidos políticos. Aquel espacio abierto donde se promueve que los elegidos por la sociedad adopten por mayoría decisiones en beneficio de la población.

El Congreso -ese primer fundamento para la convivencia entre seres humanos- simplemente ha sido borrado del mapa, dinamitado del escenario peruano por sujetos como Vizcarra, quien más bien privilegia que el “manejo de las masas” se concentre en manos del todopoderoso de turno. Como ahora, que Martín Viacarra maneja el Estado peruano sin fiscalización alguna del Poder Legislativo y controla ilegalmente el Poder Judicial vía el chantaje presupuestario, además de dominar groseramente el Ministerio Público mediante dos operadores digitados desde el Ejecutivo.

Apostilla. ¿Por qué callará cobardemente Martín Vizcarra ante la violentísima turbamulta revolucionaria marxista que amenaza comunizar a Sudamérica?



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