Luis Miguel Cangalaya

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Corromper la lectura

Hace unos días, en una charla que Mario Vargas Llosa dio en Madrid, afirmó algo que podría desconcertar a más de un padre interesado en que sus hijos se involucren con la lectura. Según la agencia EFE, el escritor señaló que les pagaba a sus hijos para que leyeran. En medio de risas, recordó que les decía “si leen una hora les doy una propina y, si leen dos, les doy otra”. Situación compleja, sobre todo si pensamos en la imagen del escritor y la función motivadora que cumple para la enseñanza de la lectura y, sobre todo, con la afirmación que cierra la anécdota: “Corromperlos económicamente fue una forma de engancharlos a los libros”.

Corromper la lectura no es, con seguridad, la mejor estrategia que un padre pueda utilizar para fomentar la lectura de sus hijos. El problema de los bajos niveles de lectura en nuestro país se debe, precisamente, a la falta de interés de las personas –desde niños– para iniciar la lectura de libros o de cualquier otra herramienta de lectura, desde cómics hasta obras literarias que puedan despertar su interés. El caso de Vargas Llosa, aunque no lo mencionó, radica en algo más que solo el soborno por la lectura. En su caso, el ejemplo de un padre lector y, sobre todo, escritor, podría ser un ingrediente importante para que en el hogar se respire un ambiente lector y la imagen del padre lector sea una constante.

Los hogares peruanos carecen de libros y eso se replica incluso en los colegios que no cuentan con bibliotecas o muchos de ellos solo son depósitos de libros olvidados. La idea de motivación a la lectura no pasa por corromper al niño, sino por despertar su interés por los libros. Y, definitivamente, no hay mejor manera de hacerlo que a través del ejemplo.



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