Luis Miguel Cangalaya

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Imperativo categórico

Hace 234 años, el filósofo Enmanuel Kant sacaba a la luz su Fundamentación de la metafísica de las costumbres (1785), donde emplearía por primera vez el término “imperativo categórico”. Hoy, tantos años después, necesitamos repensar sus ideas para entender un mundo tan convulsionado como el nuestro. Y es que necesitamos imperativos que ordenen nuestra forma de vida, siempre que estos encaminen nuestros actos hacia el bien y se entiendan como leyes morales universales.

Eso ya lo había pensado Kant hace muchos años, pero hemos desvirtuado sus ideas. Incluso, las hemos ignorado. Kant hace mucho tiempo ya nos había hablado sobre la función de la ética cuando plantea que el hombre debe actuar, precisamente, según el imperativo categórico. Para entender esto hay que saber que para él existen éticas autónomas y éticas heterónomas. Según el primer caso, el hombre actúa porque sabe que está bien hacer lo correcto, y sin que tenga algún tipo de coacción.

En el segundo caso, el hombre actúa por miedo al castigo, es decir, por influencia externa que lo conmina a actuar bien, pero no por iniciativa propia. Es claro, entonces, que en un mundo como el nuestro, las éticas heterónomas se han convertido en el comportamiento usual –y equivocado- de las personas, que parecen alejarse cada vez más de una ética autónoma. Ante toda esta situación que nos preocupa, Kant diría que debemos actuar de tal manera que nuestra forma de obrar pueda convertirse en una norma universal, pero sin coacción.

Eso es el imperativo categórico, es un mandato que debe cumplirse siempre, sin condiciones, porque se dirige hacia el bien propio y de todos en general. Cuánto nos serviría entender eso. Entenderlo y ponerlo en práctica. Si actuáramos de esta manera, miraríamos el mundo con otros ojos: más claro, más firme y, finalmente, más nuestro. Solo así aprenderíamos a vivir mejor.



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