Luis Miguel Cangalaya

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Junín y sus campeones

Papá siempre decía que Junín era tierra de campeones. Yo dudaba porque su amor a la tierra que lo vio nacer, Huancayo, lo sumergía en la subjetividad cuando evocaba sus raíces. La primera vez que me llevó a Sicaya para ver cómo trabajaban esos hombres y mujeres sin importarles el sol o la lluvia que golpeaba sus cuerpos, recién lo comprendí.

Ellos eran los verdaderos campeones, esos que la mentalidad centralista y enajenada había olvidado durante muchos años hasta ahora. Hoy, los velocistas Gladys Tejeda (Junín) y Cristian Pacheco (Huancayo), como esos aguerridos señores que me mostró papá cuando yo era niño, son los nuevos héroes, nuestros héroes, esos que necesitamos tomar como modelos de constancia y lucha, a pesar de los obstáculos.

Verlos cruzar la meta nos ha llevado a las lágrimas. Cada paso sobre el asfalto fue acompañado por la emoción y el aliento de miles de peruanos que coreaban sus nombres. Mientras que Cristian tomaba en el camino una bandera peruana y la elevaba sobre los hombros; Gladys corría, miraba su reloj y medía su tiempo para llegar a la meta y devolver la alegría a todo un país.

Los dos, cada uno en su categoría, son campeones, y lo fueron desde siempre, desde que decidieron enfrentar el centralismo, la falta de apoyo, la marginación hacia un deporte que no es popular para las grandes empresas. Sin embargo, hoy, aprendimos a conocerlos y a mirar más allá de su rostro de cansancio, más allá de su sonrisa al alcanzar la gloria. Los hemos conocido porque representan a ese Perú olvidado, a ese Perú que necesita ser reivindicado para extender nuestra mirada más allá de una capital que aún oprime y segrega. Dos campeones nos han dado una lección. Nada es imposible: el cielo es el límite.



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