Luis Miguel Cangalaya

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Santiago de Chuco presente

Santiago de Chuco es el lugar que vio nacer un 16 de marzo de 1892 a quien sería el poeta más importante del Perú: César Vallejo. Es, sin duda, un lugar entrañable al norte del Perú, declarado hace ya bastantes años como “Capital de la poesía”. Su arquitectura todavía permite respirar ese aire rural que pocos espacios mantienen. Esas casas de un solo piso con techos de tejas sobresalientes, como mencionaba André Coyné, que se abren sobre calles desiguales de pavimento rudimentario. Y, precisamente, ese fue el lugar que el poeta recuerda muchos años después, cuando evoca la infancia a través de la escritura.

Los recuerdos del Vallejo adulto, lejos del lugar que lo vio nacer, siempre están ligados a su familia y a su tierra. Hay una presencia permanente. El retorno simbólico es una necesidad en su escritura que se hace constante en cada creación. Quizá por eso le debe mucho a Santiago de Chuco, ya que este fue el espacio que le permitió moldear toda esa sensibilidad que expresa en su poesía. Y para ello, el mundo andino, sus habitantes y sus costumbres fueron determinantes. No existiría un Vallejo tan sensible a la condición humana sin esos valores que su tierra le enseñó. Asimismo, no podríamos hablar del poeta sin la identidad con la tierra que lo vio nacer, la cual puede corroborarse en su poesía, en su narrativa, en sus ensayos y hasta en el teatro que escribió. Todo en Vallejo respira a Santiago de Chuco.

Por todo ello, aunque Vallejo murió lejos de su patria, siempre la recordó. Francia no fue más que el espacio que atestiguó sus últimos días. En el fondo, el amor por su tierra siempre existió no solo en su literatura, sino también, y sobre todo, en sus recuerdos y en cada pasaje de su vida.



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