Madeleine Osterling

Madeleine Osterling

CRÓNICAS INTOLERANTES

Acerca de Madeleine Osterling:





El choreo, deporte nacional

Tuvo mucha suerte ese ciudadano en el Callao que resultó ileso ante una trampa mortal. El video de su caída en el buzón sin tapa se volvió viral, parecía casi de humor negro. ¿Y si hubiera muerto, quién responde? ¿La familia podría haber demandado a Sedapal? ¿Estar distraído con el celular es un atenuante? No tuvo la misma suerte Marlon Hamann Nima, quien falleció en el 2014, por la irresponsabilidad de un delincuente y por cuatro centavos. Aunque no lo crea, escasos treinta soles cuestan estas tapas de buzón en Mercado Libre, aunque posiblemente las fundiciones paguen mejor.

¿Qué se puede hacer con un país donde se lo roban todo y no existe ninguna conciencia de lo ajeno y menos de lo público, de aquello que nos pertenece a todos? Me pregunto si por un instante los ladrones piensan en las consecuencias de sus actos, en los escalofriantes escenarios de riesgo que generan, en su directa culpabilidad por los accidentes mortales. Son equivalentes a un conductor en estado de ebriedad, potenciales homicidas.

Como los robos no paran (un escandaloso promedio de 3,000 por año), Sedapal ha tenido que cambiar el material; ahora son de concreto armado y pesan 60 kilos. No hay forma de educar a la ciudadanía, por lo que se tienen que adoptar estas medidas de emergencia, que evidentemente impactan en costos y dificultan las escasas labores de mantenimiento de desagües y tuberías.

El hurto de una tapa de buzón está considerado como delito agravado contra la infraestructura pública con una pena privativa de la libertad de cuatro a ocho años. Debería existir un tipo penal diferente, no toda sustracción de infraestructura pública genera las mismas consecuencias. No podemos comparar el robo de una banca o luminaria de un parque con este tipo de sustracciones que generan escenarios que ponen en peligro la vida humana.

A las compañías de telecomunicaciones les roban los paneles solares que dotan de energía a las antenas ubicadas en zonas remotas del país. ¿Para qué? Por ninguna razón, simplemente es esa perversa atracción por lo ajeno que tenemos en el Perú, de aquello que no nos cuesta, y para que termine como una suerte de trofeo de guerra en sus hogares. Ni por un instante pensaron en las graves consecuencias de su delito, vale decir, la caída de la señal celular, el perjuicio a los usuarios, la sanción a las empresas por parte de Osiptel. Desencadenan una multitud de hechos nefastos por el simple placer de apropiarse de lo ajeno, que, por cierto, no les es de ninguna utilidad.

Casi envidio a quienes dicen que el Perú es el mejor país del mundo, “se goza pero se sufre”, pienso que su candidez es casi enternecedora.





ico-columnistas-1-2018

Más artículos relacionados





Top
La crisis de los ‘mandiles rosados’ en el Ejército del Perú

La crisis de los ‘mandiles rosados’ en el Ejército del Perú