Columnista - Madeleine Osterling

El espectáculo de la distracción

Madeleine Osterling

19 jun. 2019 03:10 am
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En política, es un arte diseñar estrategias de despiste y conducir a que la población se alinee de tal manera, que parece que hubieran perdido toda voluntad, que estuvieran adormilados o demasiado entretenidos para enfrentar su ruinosa situación. En el año 415 AC, el general ateniense Alcibíades, a quien lo que le faltaba de escrúpulos le sobraba en ambición, paseaba por Atenas con un magnifico perro del que todos admiraban su porte y su esplendorosa cola. Un día cuando ya los atenienses estaban absolutamente embelesados, ordenó que se la cortaran. Aquello provocó todo tipo de comentarios y condenas; no entendían por qué había tomado esa decisión tan radical. Todo el mundo lo criticaba, pero él muy tranquilo respondía que mientras los atenienses perdían el tiempo solventando las razones de la terrible amputación no se fijarían en su mal gobierno. Las famosas cortinas de humo, el mayor logro de nuestro presidente y sus adláteres.

El odio puede ser un arma tan o más mortal que una pistola y lo que ha generado este gobierno contra determinados personajes,  porque le son incómodos o son presa fácil para la destrucción por sus formas y lenguaje, es inquina y absoluta aversión. De solo escuchar sus nombres, la gente pierde toda capacidad de análisis y raciocinio. Eso no hubiera sido posible sin la inmensa maquinaria pagada por nuestros impuestos que acompaña en esta campaña de concientización; portada tras portada en los medios, colgadas en los kioscos durante horas, retuiteadas millones de veces en las redes, son un caramelito para una sociedad acostumbrada a solo leer titulares y sacar conclusiones. Lo que sea con tal de evitar que se hable de los temas que realmente importan. Todos sabemos que nada es gratis salvo el maná bíblico.

“Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos. Ciegos que ven. Ciegos que viendo, no ven” decía la mujer del medico en “Ensayo sobre la ceguera” de José Saramago. Peruanos ciegos. Es la única explicación razonable para que un porcentaje tan alto de la población apoye a este gobierno. Es imposible que Vizcarra tenga 58 % de aprobación, salvo por supuesto, que las preguntas estén casi exclusivamente dirigidas a dirimir la guerra entre el Ejecutivo y el Legislativo, este último se ha ganado a pulso el rechazo y la desaprobación, coronado con la contumaz reiteración del divorcio entre Daniel Salaverry y la ética.

El 60 % rechaza la gestión de Vizcarra en el tema económico, lo refleja el pobrísimo crecimiento del 1.68 % entre enero y abril pasado. Anuncian un Plan Nacional de Infraestructura por US$ 30,000M pero nada realmente se aterriza, todo se queda en presentaciones y promesas. ¿Exagero? En lo que va del 2019, La Libertad tiene 0.7 % de avance y Huancavelica 0 % en la Reconstrucción con Cambios. ¡Sin más comentarios!

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