Madeleine Osterling

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CRÓNICAS INTOLERANTES

Acerca de Madeleine Osterling:





Fruto prohibido

Doble contra sencillo que uno de los desvelos de Martin Vizcarra es idear la manera de perpetuarse en el poder. Como muy probablemente no haya leído la Constitución y tiene a un ministro de Justicia pura sonrisita y complaciente, se aferrará, sin el mayor pudor, a cualquier estrategia que le permita reelegirse en el 2021.  El “síndrome de Hubris” o adicción al poder del reeleccionismo, es una enfermedad de la que agonizan Evo Morales y Maduro; no podemos permitir que nuestro presidente incursione por ese camino del mal.

En muchísimas oportunidades, ha descartado postular en el 2021, (aunque debe ser una atracción casi lujuriosa por tratarse del Bicentenario); sin embargo, ni al más simplón de los políticos se le ocurriría hacer una declaración en ese sentido, solo sacaría a luz y haría más visible aún su vocación de mesianismo. Vizcarra quiere mantener la popularidad alta para que sea la población quien se lo pida y convalidar así cualquier descabellada interpretación del artículo 112 de la Constitución. Los abogados son maestros para jugar con las palabras y sembrar la duda necesaria, o buscar la razón de la sinrazón. Si el Congreso le sigue siendo indulgente y servicial, y tenemos un próximo TC gobiernista y generoso (que no sorprendería), el hoy presidente se volvería dueño de la constitucionalidad del país, al mejor estilo de nuestro vecino boliviano.

La Vigésimo Segunda enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, aprobada en el año 1947, luego que Roosevelt ocupara la presidencia en cuatro oportunidades, estableció un límite de dos mandatos, de cuatro años cada uno, salvo para el caso de un vicepresidente que, por razones de muerte o vacancia del presidente, haya ocupado su lugar, y reste menos de dos años para la conclusión del periodo presidencial. Este fue el caso de Lyndon B. Johnson con John F. Kennedy. Luego del trágico asesinato de JFK en Dallas, el 22 de noviembre de 1963, restándole solo 14 meses de gobierno, LBJ lo sucedió en la presidencia. Johnson fue posteriormente elegido para un siguiente periodo, que concluyó el 20 de enero de 1969. Constitucionalmente estaba habilitado para candidatear una vez más, a lo que declinó por complicaciones derivadas de la guerra de Vietnam, resultando presidente el brillante, pero polémico Richard Nixon.

Nuestra Constitución podría tener un claro vacío que estoy segurísima don Martin intentará capitalizar; sin embargo, si solo copiamos la sabiduría estadounidense, no debería haber interpretación que lo haga posible; al 2021 Vizcarra habría gobernado tres años y cuatro meses, vale decir, bastante más del 50 % de un periodo presidencial.

Sin embargo, nunca imitamos lo bueno. Estoy convencida de que el verdadero fruto prohibido no es la manzana, sino la adicción a perpetuarse en el poder, terrible gran debilidad de los malos gobernantes.

 





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