Columnista - Madeleine Osterling

¿La voz del pueblo es la voz de Dios?

Madeleine Osterling

16 oct. 2019 03:10 am
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Esa frase populista que se repite incansablemente en las redes, respaldada por ese supuesto 85% de fanáticos del dictador, no es más que un cliché, un engaño, pues se trata de la voz de un pueblo abandonado, anémico, inculto y aislado, reflejo de nuestras carencias en salud, educación e infraestructura, que se conforma con migajas y se deja manipular con demasiada facilidad. La debilidad de sus argumentos es manifiesta, cuando se le intenta hacer razonar, se ofenden y, en su desesperación, solo saben recurrir a la injuria y la vejación.

Este último lunes se publicaron en Peru21 y el diario Gestión unas encuestas muy profesionales y rigurosas, perfectamente alineadas con los más caros deseos de la dictadura, impecables en la creación de este universo virtual de bienestar, que pretende hacernos creer que con la disolución del Congreso mejorará el ánimo de los peruanos, se reactivara la economía (a pesar de que el 52% no invertirá en un nuevo negocio o el 74% no acudirá al sistema crediticio), se reducirán los conflictos sociales y se disminuirá ostensiblemente la corrupción. ¡La payasada perfecta! La disolución de un poder del Estado es un acto muy serio pero gravísimo cuando se trata de una bravuconada, de la actitud más irresponsable de un gobernante que vive del retorcimiento consciente de la realidad para la satisfacción de sus intereses particulares.

En el colmo de la desvergüenza, las encuestadoras preguntan si determinados partidos políticos deberían participar en las elecciones para elegir a los miembros del Congreso en el 2020. ¿Dinamitando las instituciones? ¿Otorgándole derecho de veto a la población respecto de los partidos políticos, cuando la gran tarea de la democracia es fortalecerlos y que sean canteras de gente proba y con vocación de servicio? ¿Tan mercantilistas pueden ser? Evidentemente los siete partidos políticos materia de consulta fueron descalificados, logrando Fuerza Popular y el Partido Aprista Peruano los mayores porcentajes de rechazo. Prueba que la maquinaria de mentiras le ha dado resultado a este gobierno.

La atmósfera del país está cargada de electricidad y sin ninguna esperanza cercana de que vuelva la calma. Vizcarra tiene su propia conjugación e interpretación de los verbos “dialogar”, “rendir” (cuentas), “honrar” (la palabra empeñada), todas en tercera persona y sin ningún compromiso. Al verbo “gobernar” le huye, despavorido, pero se le están acabando los refugios, en algún momento tendrá que enfrentarlo. Como diría el escritor alemán Ludwig Borne: “El hombre más peligroso es aquel que tiene miedo” pues, en mi opinión, Vizcarra tiene pánico, sus decisiones en estos últimos días lo confirman.

El Perú no debería seguir a merced de un gobernante acorralado, rodeado de costosos asesores que posiblemente le mienten y lo embarcan en estas aventuras improvisadas. Señor Vizcarra, reflexione y rectifique, no se siga enredando en esta vorágine de empoderamiento que solo lo daña a usted mismo y al país.

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