Madeleine Osterling

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CRÓNICAS INTOLERANTES

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Las Bambas: ¿Camiones por mineroducto? ¿Así de fácil?

Hasta hace pocos días, la paralización de Las Bambas era una noticia eventual, marginada por los azarosos y cuestionables cambios ministeriales. Hoy, es una bomba de tiempo de muy difícil solución. Han dejado que se convierta en un suceso de impacto nacional, con lo cual solo se debilita el diálogo como mecanismo de solución de conflictos. Nadie quiere ceder y dar la impresión de que su causa pierde terreno.

En este escenario, al que se siguen adhiriendo comunidades afectadas, cifras estratosféricas, adelantos de canon y promesas inagotables de obras y proyectos en beneficio de los pobladores, la decisión del MEM y MINAM de aprobar y avalar del cambio en el mecanismo de transporte de los concentrados sigue siendo minimizada. ¿Camiones por Mineroducto? ¿Así de fácil? ¿Tan flexibles fueron nuestras autoridades competentes con las empresas mineras involucradas en el proyecto?

Este último sábado 30 de marzo, Las Bambas publica un comunicado en el que reitera el mismo discurso, que se conoce desde la venta a MMG: “…Inicialmente, los proyectos mineros Las Bambas y Antapaccay formaban parte de un solo grupo empresarial (Glencore). El procesamiento de mineral de Las Bambas terminaba en Antapaccay y ambas operaciones iban a estar unidas por un mineroducto. El cambio del proceso de transporte de mineral fue un requerimiento técnico para la independización de ambos proyectos…”

Me pregunto por qué el MEM y el MINAM no exigieron un mecanismo de transporte equivalente a un mineroducto, en lo que a protección ambiental se refiere. Por lo menos la vía férrea. En pleno siglo XXI y camino a la OCDE, se conformaron con el transporte en camiones, por una vía sin asfaltar. ¿La contaminación visual, auditiva y de calidad de aire no importaron? ¡Seriamente, todo este tema me sabe a chicharrón de sebo! Tiene que haber un pronunciamiento institucional de ambos ministerios, con carácter de urgencia, indistintamente que se trate de otro gobierno.

Una cosa en promover la inversión y otra, ser inusualmente permisivos. El EIA del proyecto tiene vida propia más allá de quienes sean los propietarios. Las condiciones de venta debieron adecuarse a la ejecución del proyecto, con las mayores seguridades de protección ambiental.

Otra posibilidad hubiera sido que la negociación de la compra de Las Bambas hubiera incluido Antapaccay (Tintaya), la construcción del mineroducto de poco más de 100 kilómetros y desde allí, por ferrocarril a Matarani, con el objeto de preservar el diseño del proyecto original. Increíble que la China pueda obligar a Glencore a vender un inmenso proyecto y, nuestro país, no tenga la capacidad de imponer las mejores condiciones ambientales para la explotación de un proyecto minero en nuestro propio territorio. En último caso, MMG pudo pagar un precio menor a los US$5,850 millones y, la diferencia, destinarla a la construcción del mineroducto.

Conociendo lo escrupulosas que pueden ser las autoridades ambientales cuando le ponen especial interés a un tema, me sorprende que hayan dejado pasar esta modificación sustancial al EIA, sin chistar.

Me queda clarísimo que, en el caso de Las Bambas, mientras se sigan utilizando camiones que saquen el mineral a vista y paciencia de las comunidades, indistintamente la contaminación o el impacto ambiental, habrá problemas. Es un tema EMOCIONAL: se llevan nuestra riqueza y, de una u otra forma, los pobladores de la zona, siempre querrán compensarse a su manera.





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