Madeleine Osterling

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CRÓNICAS INTOLERANTES

Acerca de Madeleine Osterling:



¿Necesitamos un botón de pánico?

En la campaña presidencial de los EE.UU., en la que se enfrentaron Kennedy y Nixon y, durante la que se celebró el primer debate televisivo de la historia, los demócratas sacaron un cartel con la cara de Nixon y con la leyenda ‘¿Le compraría usted un carro usado a este hombre?’ La expresión del candidato republicano anticipaba la respuesta. En el Perú, la fuerte caída en las encuestas ha herido al dictador, le ha magullado la vanidad, lo ha aterrizado frente a la clara desconfianza del país hacia su gestión. Lo lamento, señor Vizcarra, le será cada vez más difícil encontrar a alguien que quiera comprarle un carro de segunda mano.

No tiene equipos, ni siquiera un gabinete medianamente preparado que respalde su falta de capacidad para conducir el país. Durante su primer año, Vizcarra perdió a 15 ministros, incluido a su premier César Villanueva. Siete meses más tarde renunció Salvador del Solar y con él, se fue más de la mitad del gabinete. Zeballos lleva poco más de un mes frente a la PCM y ha perdido a dos ministros, por “corrupción involuntaria”, porque no dicen la verdad ni siquiera cuando callan. ¿Cómo se puede gobernar con estos personajes reciclados que cambian de cartera como de camisa?

El costo de cada desacierto es inmenso pero el señor Vizcarra jamás rinde cuentas de sus errores.

¿Necesitamos un “botón de pánico” para protegernos de la borrasca de problemas que solo crecen exponencialmente? La economía dormida en 2.2%; 187 casos de conflictos sociales de los cuales 53 están en riesgo de estallido social; 21% del canon ha sido utilizado en gasto corriente y no en inversión, demostrando nuevamente la profunda incompetencia de las autoridades subnacionales; siete regiones del Perú en estado serio de hambre, niños anémicos que se multiplican y un MIDIS displicente, con presupuesto millonario, y una ministra a la que no se le conoce el rostro; crecimiento del empleo informal, fruto de las irresponsables alzas de la RMV, de nuestra pérdida de productividad, y del populista endurecimiento de las leyes laborales donde hoy, al mal llamado periodo de prueba solo le queda el nombre. Estoy segura de que si le pedimos al premier que nos mencione los principales objetivos de su Plan de Gobierno, balbuceante y sorprendido, solo recordaría la negativa del Ejecutivo a comprometerse por Tía María y la inversión privada. ¡Solo provocan náuseas y vergüenza!

Las consecuencias de esta pésima gestión no se verán inmediatamente, pasarán años para que logremos recuperar el tiempo perdido. Estamos viviendo la inexorable “calma antes de la tormenta” de la que nadie se salva.

Ya están inscritos los candidatos para las elecciones congresales del 2020. Salvo honrosas excepciones, la mayoría son políticos reciclados con diferentes colores y bailecito. Posiblemente será un parlamento fraccionado y fácil de manejar. Repetiremos la historia de votar siempre por nuestros verdugos. La suerte ya está echada, solo queda esperar… y rezar.



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