Madeleine Osterling

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CRÓNICAS INTOLERANTES

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Políticos peruanos y el arte del reciclaje

La política peruana es lo más parecido que existe a un “culebrón”; el problema es que no se trata de tramas ficticias que apasionan a la gente, sino de una gran tragedia que nadie se atreve a dimensionar. La degradación política –magistralmente caracterizada por la debilidad de nuestros partidos políticos y el zafarrancho de incrementarles bancadas en el Congreso– aunada al desánimo social, avanza a marcha forzada.

Desde la Antigua Grecia, se postulaba que las mayores responsabilidades públicas deberían recaer en los más virtuosos, se repetía que la política debería atraer a los mejores, empero, desafortunadamente, hoy solo prima la mediocridad y la genuflexión. Renuncia el premier y empiezan a circular nombres de los posibles reemplazantes, unos más horripilantes que los otros. Es una tragedia reiterada en el Perú que siempre sean, pues, los de siempre: reciclados, falsos valores y cuyo común denominador, indistintamente de la tendencia ideológica, es el afán de poder y figuración: esa perversa e incurable adicción a la circulina.

Nuestra vida política está sembrada de incertidumbre y las encuestas son el espejismo que dirige los destinos del país. El Presidente no sabe gobernar sin su 65 %, y resiente un gabinete que no lo acompañe en la estadística. Doble contra sencillo que, si Villanueva hubiera gozado de popularidad, no lo dejaba ir. Sin embargo, con un año en el premierato, bastante deslucido por cierto, ya fue compensada su arriesgada labor conspiratoria; toca darle paso a caras nuevas, igualmente prescindibles.

Vizcarra es un hombre inteligente y por más que el poder envanece en grado extremo, es perfectamente consciente de que no existe liderazgo sin equipo, sin cuadros que lo acompañen en la gestión. Sus ministros son unos perfectos anónimos, absolutamente intercambiables. Se desgastan demasiado rápido porque no tienen el coraje de tomar decisiones ni de salir en defensa de sus sectores con garra y firmeza. Son unos divos que pensarán que es el inicio de una larga carrera política y que no pueden quemarse adhiriéndose a fallos impopulares.

A más inri, sus alianzas regionales parecerían debilitadas con los nuevos protagonistas. Aduviri, quien además de sedicioso es usurpador, negocia con Evo Morales para llevar gas a Puno, con una autoridad que no le corresponde, o iza la bandera del altiplano y adopta resoluciones abusivas respecto del proyecto Pasto Grande, gestionado por la región Moquegua y cuyo presidente de 1988 a 1991 fue nada menos que Martín Vizcarra. Los eternos problemas limítrofes con Puno, la actitud envalentonada y perversa de Aduviri y la inacción del VM de Gobernanza Territorial –que tiene como principal referente una pésima negociación con las comunidades indígenas responsables de las roturas del oleoducto–, son las principales causas de que el tema haya cruzado los límites de la legalidad. ¡Así estamos!





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