Madeleine Osterling

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CRÓNICAS INTOLERANTES

Acerca de Madeleine Osterling:





Su majestad “el Pueblo”

Contra todo pronóstico, Vizcarra se ha convertido en una figura carismática, querida y admirada por el soberano pueblo. Cuando se inició este gobierno, allá por el 2016, era una suerte de patito feo, el pariente pobre de la familia, que tenía que arreglárselas para generar cariño e intentar ocupar algún lugar visible y preferencial. Sin embargo, esas estrellas que un 5 de junio “sorprendentemente” se alinearon (o las alinearon) para que PPK fuera presidente, cambiaron de vecindario y le sonrieron a él; por supuesto, con ayuda de su inamovible premier y de otros con igual tufillo conspirador. Vizcarra ha llegado a su cúspide, en la que se mantiene, exultante, gracias al enardecido fervor de la ciudadanía; en buen romance: al engañado pueblo y a esa calle caliente, que se ha convertido en su mejor aliada.

Pero la gran tragedia de esta inagotable seguidilla de nefastos sucesos es la penosa participación de algunos medios, que se han acostumbrado a sobrevivir del chorreo estatal y, de ciertos líderes de opinión, autoproclamados reserva moral del país, que están reescribiendo la historia a su antojo: “En el 2018 ha asumido el liderazgo quien debía hacerlo: la ciudadanía. Nadie esperaba la indignación que despertaron los audios y las manifestaciones por todo el país. Nadie sospechaba que periodistas y fiscales serían aclamados por las calles mientras la popularidad de los políticos se derrumbaba. Y definitivamente nadie esperaba que Vizcarra… –en el país donde todos los presidentes están presos, prófugos o investigados– asumiese ese mandato y arriesgase el sillón -¡el poder!- para dar cumplimiento a ese clamor ciudadano” (Santiago Roncagliolo (El Comercio, 04/01/19).

¡Nada más falso! La única bandera que enarbola Vizcarra con pasión es una antojadiza lucha contra la corrupción, a su muy particular manera y con su propio equipo de iluminados; sin ello, no tendría NADA: ni poder ni popularidad, solo un pueblo enardecido pero por sus innumerables carencias y desilusión.

Me pregunto por qué no toman las calles en protesta por los 35,000 millones no ejecutados en el presupuesto del 2018, o contra el fortalecimiento del quebradísimo Agrobanco, cuando está demostrado que la banca de fomento es siempre ineficiente, costosa y campo fértil para prebendas y favoritismos, o por la malaria reportada en el Norte, atribuida a los venezolanos pero que también azota a países como Ecuador y Brasil. Las condiciones precarias post Niño Costero, de lentísima reconstrucción, han determinado un inmenso retroceso en la ya frágil situación sanitaria de la zona.

Silvia Pessah dejó su cartera sin rendir cuentas; los ministros están blindados ante la incompetencia porque hoy, los peruanos, el soberano pueblo, solo se nutre del odio hacia Chávarry y de un jueguito llamado “lucha contra la corrupción en modo Vizcarra”; el resto son simples detalles.

 





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