Madeleine Osterling

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CRÓNICAS INTOLERANTES

Acerca de Madeleine Osterling:





¡Vergüenza!

Sangre (derramada), sudor, lágrimas y millones de horas en negociaciones y, a bordo de aviones, costó la firma del TLC  con los Estados Unidos. En su momento, fue una vedette del comercio internacional, posibilitando la inclusión de obligaciones en materia laboral y ambiental muy específicas (posiblemente y para variar, nos comprometimos más allá de lo posible). EE.UU. lo destacó como un gran logro, consideraban que este tratado no solo les serviría de modelo para futuros acuerdos, sino sería un ejemplo emblemático de mutuo entendimiento, respecto a la protección de la Amazonía, en consonancia con la lucha contra el cambio climático.

El papel aguanta todo y la magia de las celebraciones nunca dura más de 24 horas. Además, no olvidemos que para el Perú, tuvo el inmenso costo de los conflictos de Bagua y la muerte de 33 personas ese fatídico 5 de junio de  2009, todo de muy nefasta recordación.

Lo paradójico es que hoy, a casi diez años de vigencia del tratado, las autoridades estadounidenses tienen la sensación de haber sido estafadas. Piensan que el TLC solo ha servido para encubrir una tala indiscriminada e ilegal de madera y que la industria forestal en el Perú es una GRAN MÁQUINA PARA LAVAR DINERO.  Con una mezcla de amargura y rabia, han comprobado que se “fabrican” toneladas de documentos, en colusión con autoridades corruptas,  para sustentar la exportación de madera robada, ya sea de los parques nacionales, de las áreas protegidas o de las comunidades indígenas. En resumen, el sacrosanto TLC, en lo que se refiere al capítulo forestal, es una burla que solo estaría sirviendo para darle un velo de legalidad a la depredación de nuestra Amazonía.

Al inicio, Estados Unidos aportó noventa millones de dólares en asistencia técnica, para crear un sistema electrónico que le permitiera a  la Oficina de Supervisión de los Recursos Forestales y de Fauna Silvestre – Osinfor, hacerle seguimiento a cada árbol, desde su origen, tala y posterior exportación. Como contrapartida, el Perú se obligó a mantener la absoluta independencia de esta entidad. Fallamos, lo de siempre, no hemos cumplido: el sistema electrónico no funciona, dizque por problemas con el software, y este último diciembre, entre gallos y medianoche, Osinfor ha pasado al ‘oscurantismo’, a depender del todopoderoso Minam.

Según informa Richard Conniff en artículo publicado el pasado viernes en el NYT, la Oficina de Representación Comercial de los Estados Unidos ya está cansada de ser objeto de mentiras por parte de nuestro gobierno, que minimiza los reclamos y demora las respuestas.  Ante ello, no me sorprendería que este Estados Unidos pateara el tablero, al mejor estilo de su presidente Donald Trump, y pretendiera denunciar el tratado o imponer sanciones comerciales muy onerosas al Perú.  ¡Advertidos están!





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