Madeleine Osterling

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CRÓNICAS INTOLERANTES

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Vizcarra: un equilibrista en apuros

Impresionante lo elástico que es el aguante de la población a las mentiras del presidente. Arrastra por el piso la “ética de la convicción” Weberiana, que establece que para un político, la mentira, por más excepcionales que sean las circunstancias, siempre será un comportamiento ilícito y éticamente reprobable. ¡Perdón, olvidaba que no es político sino un simple improvisado que hoy, camina tambaleándose sin mirar el desastre que deja atrás!

El uso del poder se asemeja mucho al ejercicio del equilibrista que en cada paso va buscando mantenerse sobre la cuerda floja en su aventura de ir de un lado a otro. Sin embargo, si falla el equilibrista cae sobre una red, si el político fracasa no solo cae estrepitosamente, sino que se lleva consigo a toda una sociedad. Vizcarra intenta caminar sobre la cuerda de lo imposible: gobernar un país complicadísimo como el Perú, sin ninguna preparación y con un equipo débil, anónimo, intercambiable. Se puede perdonar a un presidente inepto pero que tiene la capacidad de reconocer sus limitaciones y se rodea de la mejor gente para sobrellevar el encargo pero, ¿a uno que miente con mayor descaro aún que Toledo? ¿a uno que ha elegido la polarización como mecanismo de gobernabilidad y que ha ungido a las encuestadoras y a algunos medios hambrientos, quizás insaciables, como sus apóstoles? ¿a uno cuya furia discursiva se limita a destruir al Congreso, subestimando la magnitud de la crisis y la debilidad de nuestro país? La falta de confianza no se puede recobrar con un discurso o con la inauguración de obras distritales de mérito ajeno, se necesita de una verdadera política de bienestar, algo que solo recuerdan para el mensaje de Fiestas Patrias, lleno de promesas edulcoradas que nunca se cumplen.

El besamanos inaugural aterrizó a Vizcarra, le tiró su vanidad al piso, opacado por PPK y su entorno de lujo, sin embargo, no se iba a resignar a ser un personaje secundario durante cinco años, tomó el fast track para llegar y necesita de la misma vía para irse. La legalidad lo agobia y el país está pagando una costosísima factura producto de su irresponsabilidad.
Mención aparte merece Tía María. Southern está jugando solita el partido de la “inversión minera”. La Sociedad de Minería tiene tímidos pronunciamientos y las empresas asociadas quieren volverse invisibles; es un gremio poco solidario por temor a las represalias estatales. Invierten centavos en difundir las bondades de la industria, a pesar de que saben que les tienen la puntería desde hace años, ocupando titulares cuando los precios de los commodities están en alza. Cuanto tiempo les tomará aprender que la falta de prevención solo les genera gastos millonarios en consultores y publicidad, sin ningún éxito aparente. ¿Mi opinión sincera? Nunca. En el Perú, el aprendizaje no existe.





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