Madeleine Osterling

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CRÓNICAS INTOLERANTES

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Vizcarritis aguda

¿Caímos rendidos ante el discurso del Presidente el miércoles pasado? No, pero era la movida natural para aplacar las interrogantes de los escépticos –aunque no se haya calmado nada–y para seguir generando esperanza al 49 % (sincerando la votación) de peruanos que apostaron por los monosílabos presidenciales y que están contagiados con Vizcarritis aguda, enfermedad cuya única vacuna es la racionalidad y un poco de conocimiento de nuestra verdadera realidad nacional.

Quiero pensar que, efectivamente, se cumplirán todas sus dadivosas promesas, inclusive la de entregar nuevos hospitales todas las semanas, sin embargo, desconfío de sus equipos de trabajo. Naturalmente, se respalda en las nuevas autoridades, pero: ¿Quién nos garantiza que no serán iguales o peores que los salientes? Vladimir Cerrón, GR electo de Junín, está siendo investigado por pagos irregulares de S/ 4 millones en favor de una contratista; solo en lo que va del 2018, catorce alcaldes han sido detenidos por liderar organizaciones criminales o por corrupción y la lista podría crecer, apenas los entrantes hagan respectiva auditoría, salvo que los nuevos funcionarios sean parientes o testaferros, con lo que se habría consolidado la continuidad que se quiso evitar prohibiendo la reelección. Veamos lo que ocurre en Chorrillos, Augusto Miyashiro ha sido alcalde durante 15 años, toma la posta su hijo, del mismo nombre. ¿Alguien habló de nepotismo?

Lo más rescatable del mensaje fue la merecida paliza que nuevamente le cayó al Congreso. Inaceptable que de los siete proyectos que presentó a inicios de agosto, solo UNO tenga dictamen en comisiones. Buenos o malos, necesarios o innecesarios, qué tan difícil es poner a un buen equipo de asesores a analizarlos y acelerar opinión. Me olvidaba, seguramente la mayoría de “consultores” son contratados por amistad o por enchufe y no tienen esa indispensable capacidad de análisis; les quedó grande la tarea.

De ser congresista, me sentiría avergonzada por ese 83 % de desaprobación, difícil revertirla pero que por lo menos intenten posicionarse mejor. Bien jugado prorrogar la legislatura hasta el 30 de enero (ya sea por miedo o por convicción), ahora resta la ardua tarea de hacerlos trabajar. Les recomendaría suspender todos los viajes y ceremonias que no agregan valor, ampliar sus horarios laborales y autodeclararse en emergencia: indispensable que tomen conciencia de que un aún mayor desprestigio está en cuestión.

Si el Congreso fuera una empresa privada, hace rato estaría quebrada: tiene productividad negativa, todos se hubieran quedado sin trabajo y con pocas posibilidades en el mercado laboral; sin embargo, los parlamentarios tienen la leche de estar protegidos por una estabilidad de cinco años, salvo comisión de falta grave, y  disfrutar de un jugoso sueldo garantizado por el Presupuesto General de la República. Se les paga hasta por su silencio, así cualquiera.





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