La incoherencia es una de las peores cualidades para un político. O una política, como el caso de María del Carmen Alva, acciopopulista que preside el Congreso. Pertenece ella a un partido que estuvo dos veces en el poder presidido por Fernando Belaunde, caballero de la política, hombre inteligente, sagaz, valiente, independiente pero, sobre todo, coherente. Alva proviene de una saga acciopopulista: su padre Miguel y su tío Javier Alva Orlandini. Ambos dieron lustre al partido anteponiendo la coherencia democrática a cualquiera exigencia. La solidaridad fue, asimismo, regla de oro en dicha agrupación severamente maltratada por la izquierda.

Recordemos que el golpe militar procubano de Velasco depuso al presidente Belaunde sacándolo de forma humillante, en pijama, de palacio, para embarcarlo en un avión rumbo al exilio donde vivió por años. También otros acciopopulistas sufrieron destierro y muchos de ellos fueron maltratados por esa izquierda cleptómana que se apropió del Perú durante una docena de años.

Por cierto, el golpe militar de Velasco que vacó a Belaunde fue instigado y aplaudido por el diario El Comercio. Pero la señora Alva prefiere ignorar esos doce largos años de ofensas y maldades que soportaron los acciopopulistas, para empatizar con la misma izquierda que hoy apoya al comunismo/senderismo que ha secuestrado al país. Aunque también para mantener -de manera vergonzosamente incoherente- una “buena relación“ con el citado periódico. Sus razones tendrá. Del miedo hasta un exagerado anhelo por figurar como ejemplo de “política neutra”. Pero sucede, señora Alva, que en estos momentos tan severos como por los que transita la patria, ni usted ni su partido tienen derecho a comportarse como mejor les convenga. El deber que tiene con sus electores es actuar como corresponde en estas circunstancias. Empezando por defender la democracia, que fue el faro que guiara a quien fundó el partido que ahora usted representa como presidenta de un poder del Estado.

Evidentemente los yerros de las dirigencias de su agrupación permitieron entre otros despropósitos que enemigos ideológicos y políticos de Acción Popular se encumbren como figurones, habiendo derivado en lo que es hoy: una masa socialista amorfa. ¡Inclusive simpatizante con el golpismo! ¿Olvida que el ex presidente Merino, antiguo y leal acciopopulista, fue inconstitucionalmente forzado a dimitir? Fue tras la muerte de dos manifestantes provocada por la juventud enardecida mediante prédicas incendiarias de la prensa vendida a Vizcarra/Sagasti que, durante seis días seguidos, azuzó a las masas publicando pirómanas portadas y transmitiendo arengas televisivas por 24 horas ininterrumpidas, a través de las cuales llamaba a los jóvenes a dirigirse a las concentraciones preestablecidas gritando “Congreso golpista”, “Merino no me representas”, en contubernio con los cerebros del verdadero golpismo: el partido morado, vivando al miserable Vizcarra mientras promovía al fatuo Sagasti.

Desgraciadamente, señora Alva, avergüenza su respuesta al periodista de El Comercio que la entrevistó contestándole: “Nos sorprendió a todos (¿a quiénes?) que en la Web del Congreso aparezca que Merino fue presionado por turbas azuzadas por algunos medios”. ¡Porque, señora, usted SÍ sabía que El Comercio espoleó al populacho para derrocar a su correligionario Merino!

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