Vivimos tiempos de emergencia. Tanto sanitaria como financiera. La sociedad soporta una nueva arremetida del Covid, que ya ha cobrado más de 100,000 muertes. Por su lado, la economía nacional está en cuidados intensivos, producto de la infame gestión de Vizcarra y Sagasti. El primero clausuró imprudentemente el total de las actividades formales durante cuatro meses, sin solventar de manera adecuada las consecuencias del comportamiento social en los estratos mas desfavorecidos, que invadieron la calle y se agolparon en el transporte público, los mercados y otras actividades relacionadas fundamentalmente al plano informal. Aquello convirtió todo en un espectacular foco de contagio, neutralizándose brutalmente los efectos buscados por la drástica cuarentena del verano pasado. Es más, Vizcarra tampoco adquirió pruebas moleculares, ni camas UCI, plantas de oxígeno ni, por supuesto –que esto quede bien claro–, las vacunas.

No contento con ello derrochó decenas de miles de soles, emitiendo bonos que tuvieron el efecto contrario al buscado. Porque la gran mayoría de destinatarios no los recibió, y porque la gente hizo colas durante semanas en pleno invierno, transformándolas en nuevos focos de contagio. Temerariamente, ahí Vizcarra dilapidó cerca de US$ 20,000 dizque para “luchar contra la pandemia”, aunque en rigor ese dinero se hizo humo sin cumplir su cometido. Vale decir, Vizcarra generó el fallecimiento de decenas de miles de compatriotas y, simultáneamente, destruyó la economía nacional. Casi un año más tarde, Sagasti decreta una nueva cuarentena signada por la improvisación, la falta de claridad y las marchas y contramarchas. En otras palabras, imprecisiones que, poco a poco, irán desvaneciendo el resultado sanitario esperado y perjudicando más nuestra resquebrajada coyuntura económica. Por cierto, la capacidad de estupidez de este gobierno quedará plasmada en el rosario de labores permitidas durante el cierre “total” (así lo anunció Sagasti) de actividades. Porque, como si fueran dos más dentro de un universo de ocupaciones permitidas aparecen las de (…) salud y funerarias. ¿Qué otro cerebro tan inservible puede haber confeccionado semejante listado, sino el de algún sociólogo rojo intoxicado por su alucinógeno predilecto?

Sin embargo el gobierno de Sagasti –hipotecado al progre/marxismo, como hicieran sus predecesores Vizcarra y PPK– continúa derrochando los cada vez más escuálidos recursos fiscales malversándolos en engordar los bolsillos de sus alcahuetes a través de millonarias asesorías, y asimismo avisaje para saldar la demanda del “periodismo” corrupto que le apoya, a cambio de que lo “ayude” a salir de la quiebra apelando a esa podredumbre llamada publicidad estatal. Enfatizamos. En plena crisis de la pandemia y con la economía al rojo vivo, la esperpéntica premier Bermúdez aprobó una partida de S/. 17’000,000 para el plan de estrategia institucional 2021 de su despacho.

Apostilla. Otra tontería de Sagasti es haber vetado el tránsito de vehículos particulares y promocionar el uso del servicio público. En vez de proteger al ciudadano facilitándole desplazarse libre de contaminación y sin costo adicional en su propia movilidad, se le obliga a usar buses, micros o taxis informales, verdaderas bombas de neutrones que contienen altísimas dosis del Covid. Acuérdese. Así gobiernan los rojos, amable lector.