Desde el 30 de agosto, día de Santa Rosa de Lima y de la Enfermería Nacional, por iniciativa de la decana del Colegio de Enfermeras, Liliana La Rosa, “Mamacha de la Vida o Mamacha del Cuidado”, hermosa obra de arte de Rosamar Corcuera, ocupa un espacio privilegiado en la sede institucional de dicho colegio profesional.
“Estamos bendecidas con sus ojos de bondad que miran lejos y cerquita con ternura y sabiduría, con sus manos prestas a cuidar, con el sol y la luna que transitan de guardia a guardia, de jornada en jornada, con los colibrís que anuncian presencias y vida plena, con las rosas que visten con alegría y con los ángeles mensajeros de luz, con sus hermosas, pequeñas y firmes alas que le permiten sobrevolar los sueños, miedos y tránsitos de las personas y comunidades a quienes cuidamos”, ha escrito la decana sobre esta singular mamacha, cuya sencillez y ternura inspiran a los enfermeros y enfermeras del Perú.
En la pandemia que aún nos golpea y cuyo futuro ha arrojado una sombra de incertidumbre con la cual tenemos que lidiar todos los días, las enfermeras y enfermeros del país han entregado una singular cuota de sacrifico con un centenar y medio de profesionales fallecidos en el ejercicio de esos cuidados indispensables que la mamacha arropa.
En la primera línea de batalla, profesionales de todas las edades y de todos los lugares del país estaban allí luchando contra el coronavirus, pese a las limitaciones del sistema sanitario y a la indiferencia, cuando no maltrato, de que han sido víctimas permanentemente. No importaban las horas ni los riesgos ni las precariedades. En ese combate desigual contra la muerte supieron ser héroes y heroínas silenciosas, dando un ejemplo de ética y verdad.
Melissa, una muchachita iquiteña de 30 años que trabajaba sin gozar de ningún derecho laboral, fue la primera enfermera en morir. Era abril de 2020 y la tragedia estaba comenzando. Luego vendrían más a sumarse a la fatídica lista. Sin estridencia y con un estoicismo edificante pusieron su nombre y su vida al servicio de sus pacientes, al abrigo final de la Mamacha que les dio el valor y que seguramente las esperaba en el reino de los reinos.
¡Mamacha del amor turquesa y de la abnegación de las manos extendidas. Flor de todas las tierras del Perú, dales tu bendición ahora y siempre!

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