El primer libro de José B. Adolph que tuve en manos fue “Diarios del sótano”, hace ya muchos años. Sorprendido por su habilidad para construir atmósferas oscuras y el uso de un lenguaje que potenciaba la intriga, comentaba su lectura con algunos amigos escritores y apasionados lectores. La discusión sobre cuál era el mejor cuento de ese conjunto era incabable, o casi. Y digo casi porque en más de una ocasión, después de compartir el placer por la lectura de Adolph, alguno de ellos preguntaba: ¿has leído su novela “Mañana, las ratas”?

La editorial Minotauro, en el difícil año 2020, publicó una nueva impecable edición de esta novela, con prólogo de Enrique Planas. Adolph imagina el futuro, una Lima en el año 2035, en la que el gobierno ya no lo toman los políticos, sino la corporaciones trasnacionales.

El comercio es el prioridad para la toma de decisiones. Los ricos, en Lima de 2035, se transportan en helicóptero y pasan sobre los distritos peligrosos, porque claro, en ese futuro guiado por los empresarios, la insurrección es inevitable; pero mientras la élite pueda evadirlos, mirar a un costado, las ratas poco importan. Estas élites ningunean sus reclamos, les parecen salvajes hasta que la violencia de las ratas ya les parece una amenaza cercana. Y entonces inicia la represión.

La insurrección ante el sistema perfecto aproxima a “Mañana, las ratas” a otras clásicas novelas distópicas como “Un mundo feliz” de Aldous Huxley o “Farenheit 451” de Bradbury. También lo hace la visión sobre lo que será la religión, la libertad y la sexualidad en un futuro en el que ya no existen ideologías ni ética.

Es una lectura muy recomendable porque, finalmente, Adolph lo que nos presenta es una reflexión sobre la naturaleza humana en un contexto particular, es decir, lo que cambia es la ciudad, el tiempo o el tipo de poder; pero el ser humanos es el mismo ayer, hoy y mañana, y esta novela, un inquietante reflejo.