El gobierno morado debe cesar de inmediato su manipulación política de la pandemia, porque a este paso terminará desatando la furia popular.

El show mediático por la llegada del primer lote de vacunas chinas ha sido, por ejemplo, un acto repudiable. Se trata de una cantidad minúscula de 300 mil dosis que solo servirán para 150 mil personas (dos por cada una), es decir menos del 1% de la población estimada en 34 millones. Por comparación, Chile ha comprado 60 millones.

Desplegar mil policías para su cuidado y hacer un micro mensaje a la nación resulta una huachafería mediante la cual se intenta levantar la imagen del Gobierno, pretendiendo hacer creer que el manejo de la pandemia es óptimo. Pero eso contrasta con la realidad de una nación que está dispuesta a tumbar las puertas de los hospitales colapsados en su desesperación porque se atienda a pacientes graves.

Los comunicados oficiales, entre tanto, son mentirosos. Veamos apenas dos muestras: en diciembre el Minsa informó que se había firmado acuerdos para la compra de 11 millones de dosis con Covax Facility y Pfizer; y que las primeras dosis llegarían “entre diciembre y enero”. Falso. Hace una semana la PCM sostuvo que no se podía precisar fecha de arribo porque KLM había cancelado sus vuelos. Nuevamente falso, la embajada holandesa enmendó la plana al gobierno peruano.

Sagasti anuncia ahora que de inmediato se iniciará la vacunación a escala nacional, sin embargo no hay fechas precisas para la llegada de los 60 millones de dosis que se requieren según los especialistas.

Se afirma oficialmente que se vacunará a los miembros de mesas electorales. Nuevamente falso porque a 60 días de la votación es imposible que se apliquen las dos dosis requeridas.

Tampoco es verdad que de inmediato se atenderá a todo el personal de primera línea, simplemente porque no hay la cantidad indispensable de vacunas para atender a médicos, enfermeras, personal de salud, policía y militares.

No se trata de criticar por criticar, pero cuando vemos el tema de las vacunas en el contexto de pésimas medidas adoptadas contra la pandemia, como la absurda cuarentena en curso, no queda más remedio que repudiar la ineficiencia y la falta de transparencia del Gobierno.

Su fatuidad, amplificada por la prensa comprada es contraproducente y peligrosa: el pueblo ve con hartazgo lo que ocurre y, aquejado por las urgencias sanitarias, puede terminar generando una explosión social tremenda. Están advertidos.