Diego Armando Maradona, el “mejor futbolista del mundo”, para quienes amamos con locura y pasión ese bendito deporte llamado fútbol, ha dejado este mundo para unirse a la eternidad. La tristeza y el dolor no solo embargan a quienes le conocieron íntimamente sino también a aquellos que solo pudieron contemplarle por medio de una pantalla televisiva o desde un palco en su amada “Bombonera”.

A lo largo de su “exitosa” y tumultuosa vida el “Pibe de Oro” tuvo múltiples significados para amigos y enemigos. Los primeros fueron testigos de múltiples gestos de solidaridad y apoyo por parte de Diego, sin embargo la lealtad que le profesaban fue muchas veces condicionada a los beneficios que podrían recibir de este. Para mucho de ellos, el “Barrilete Cósmico” era una “mina de oro” inagotable por medio de la cual se podía medrar hasta el cansancio, por tal motivo toleraban y hasta compartían sus letales caprichos (drogas y alcohol).

Sus enemigos, que tampoco escaseaban, siempre le censuraron el apoyo público prestado a tiranos regionales (Fidel Castro, Hugo Chávez) y la vida disoluta e irresponsable que llevaba (la cual seguramente acortó su existencia). Era incomprensible que un hombre conocido por sus constantes cuestionamientos a los abusos cometidos por la “derecha” fuera incapaz de ser consecuente con sus palabras y hacer lo mismo con los pecados de la “izquierda”.

La respuesta a esta contradicción tan común en muchas personas (famosas y desconocidas) es más simple de lo que parece. Solo hay que leer al pensador español José Ortega y Gasset quien afirmaba que “los hombres son producto de las circunstancias que se desenvuelven”. Maradona, a pesar de todos sus talentos, no era diferente al resto de los mortales en este aspecto. El niño que nació en la pobreza y que luchó constantemente para darle a su familia una mayor seguridad económica, tuvo una relación conflictiva con el capitalismo en una época en que las brutales dictaduras militares de derecha reprimían a cualquiera que osara criticarlas, ya fuera comunista o no.

Esta situación hizo que volcara sus simpatías hacia el marxismo, al que percibía como “redentor de los pobres” y “supresor de las diferencias sociales” que había visto y sufrido a lo largo de su existencia. Era una admiración ingenua a un sistema que nunca conoció a fondo (no creo que le interesara mucho hacerlo) y que continuó idealizando hasta su muerte (el gobierno cubano se encargó de prodigarle un lugar de “descanso” y “tratamiento” a sus adicciones). (1)

Al final, fue un símbolo y una víctima, un ser humano que realizó notables hazañas deportivas, pero al que le fue muy difícil tener una vida normal y encontrar una amistad sincera.

Notas

(1) En la isla caribeña, el gobierno castrista le permitió a Maradona hacer y deshacer a su antojo, tuvo escándalos por doquier y varias relaciones que produjeron algunos vástagos.

José Rafael Cernicharo Bustelo