Marcos Ibazeta Marino

Acerca de Marcos Ibazeta Marino:






Acuérdense de gobernar para todos

Esta vez decidí darme una vuelta por la zona de Chanchamayo, Oxapampa y Pozuzo, ruta que alguna vez siguió mi bisabuelo en su camino un tanto nómade, desde Moyobamba pasando por Contamana, Masisea, el Pachitea hasta el Lullapichis en la confluencia del Pichis y Palcazu que dan nacimiento al río Pachitea, con dirección a Satipo y San Martín de Pangoa en donde terminó sus días.

Es una ruta espectacular tanto por su soberbia demostración de belleza natural como por su gente, en un mosaico étnico en el cual no se perciben discriminaciones odiosas sino una voluntad de integración sin hipocresías, donde las comunidades nativas, por aquí la Yanesha, se sienten orgullosas de su estirpe como nación pero, a la vez, parte integrante de esta gran nación peruana, de modo que ya debemos trabajar en fortalecer esa integración en vez de estar predicando desuniones y resentimientos con actitudes paternalistas que nada bien le hace a nadie por aquí y por allá también.

Tal como indiqué en el artículo anterior sobre mi percepción sobre la paradoja entre crecimiento económico y rechazo social a la riqueza generada porque la gente considera que se está regalando el país a los extranjeros y que la riqueza no le beneficia en nada aunque la realidad demuestra lo contrario, decíamos que fácilmente se estaba dejando libre un camino hacia el extremismo o fundamentalismo que políticamente podía asumir los radicales que, al final, nos retornarán a la pobreza de la cual nos costó tanto salir.

El diagnóstico situacional hoy, luego de las elecciones regionales y municipales, es que se ha producido en gran medida la situación que antes la hemos presentado como hipótesis. Grandes áreas del país, tal vez aquellas en que la inversión privada es mayoritaria, han caído en poder de políticos ultras, antimineros y anti inversión privada. Solo nos queda estar atentos a lo que va ocurriendo en el futuro.

Sin embargo, también es materia de reflexión la gran lejanía entre el control estatal centralizado en Lima en materia electoral con el casi nulo control que al respecto existe en estos lares. Todo puede ocurrir según el poder económico, la influencia social y la manipulación mafiosa de muchos candidatos que, además de tener todo el poder en mención, han logrado controlar medios de comunicación locales para demoler públicamente a sus adversarios. La infiltración del narcotráfico no se ha medido bien.

Ya es tiempo que en Lima se acuerden de gobernar para todos.

 






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