Marcos Ibazeta Marino

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Cita a ciegas

Este domingo los peruanos iremos a emitir nuestro voto respecto a los puntos contenidos en la consulta vía referéndum, sobre los cuales no hubo mayor debate ni información sobre el modo, forma y plazos en que los cambios tendrían lugar de aprobarse la consulta.

Lo que es evidente es el hartazgo de la población por una institucionalidad que no funciona, aunque olvidando que no ha funcionado nunca, ni en el pasado ni en el presente bajo el marco de cualquiera de las Constituciones que han regido en el país.

Entonces, si el desgobierno, la corrupción, la crisis económica y una constante insatisfacción ciudadana no tienen como su causa los marcos constitucionales y legales que han tenido vigencia en toda nuestra historia republicana, no es comprensible esta decisión de promover modificaciones constitucionales frente a problemas cuya causa no ha sido plenamente identificada.

Es obvio que un nuevo marco constitucional y legal no cambiará nada si la causa de los problemas sigue vigente, porque si los marcos constitucionales y legales que acarreamos a través de toda nuestra historia no lo son, hay una fuente soterrada que parece haberse interiorizado en la mente de todas las gentes que alcanzan cierto grado de poder político, económico y social en el país.

La gran pregunta sin respuesta es la relativa a qué clase de individuos está produciendo nuestra sociedad y determinar si el mal radica en nosotros, de modo que cualquier reemplazo generacional en el liderazgo nacional producirá el mismo defecto que queremos corregir. La gran tarea, con o sin consulta popular, es definir el rumbo y el método que debemos seguir para cambiar la mentalidad de nuestra niñez para producir a mediano plazo una nueva generación que se conduzca por principios y valores que garanticen el bien común y no con intereses egoístas que terminan en un constante y vergonzoso saqueo de la cosa pública.

Ahora bien, si la raíz de nuestra desgracia moral no está en el marco jurídico, no vaya a resultar que esta consulta termine siendo el preludio de una concentración de poder que nos conduzca a un Estado totalitario, porque han empezado a surgir indicios preocupantes de una tendencia a un presidencialismo fuerte, es decir, a la búsqueda de un caudillo más.

¿Realmente somos una nación con pensamiento republicano y democrático, o seguimos siendo una colectividad proclive a un verticalismo radical en lo político, económico y social?

 






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