Marcos Ibazeta Marino

Acerca de Marcos Ibazeta Marino:







Daños colaterales sin resarcimiento

Nos encontramos en medio de una batahola de audios que contienen conversaciones con alto contenido mafioso y, en ciertos casos, con abusivos intercambios de favores en un deleznable doy para que hagas y hago para que des que han minado gravemente la ya pálida institucionalidad en el país.

Todos se espantan y escandalizan pero no se ha escuchado ninguna autocrítica institucional, tal vez porque cada funcionario trata de salvar su particular pellejo eludiendo manifiestas responsabilidades que deben hacerse efectivas en algún momento.

Ahora resulta que la corrupción ha pervertido solo el sistema de justicia cuando todo el país sabe que la podredumbre moral alcanza a todos los entes del Estado, lo que, si meditáramos bien las alternativas en el corto, mediano y largo plazo, lo urgente es proceder a un saneamiento moral inicial en toda la institucionalidad estatal, pero apuntando a un proceso de reformas que se mantengan en el tiempo, corrigiendo sus errores de cada tiempo para el constante mejoramiento de los servicios públicos, de la calidad de quienes los brindan y de una soñada solidez moral en cada funcionario, servidor o gobernante.

Hoy solo tenemos buenas intenciones para modificar leyes pero no estamos haciendo nada para encontrar gente capaz y decente, con mucho coraje e ideas claras para conducir los procesos de reforma sin lesionar ni autonomías institucionales ni independencias funcionales.

Parece que estamos otra vez en camino de más reformas frustrantes y frustradas respecto de las cuales, al final, todos tratarán de evadir su responsabilidad.

Esta frustración es patética en las investigaciones de los casos Odebrecht, Lava Jato y conexos. El dilema para la Fiscalía era, o atacar a las empresas para meter a la cárcel a sus directivos paralizando sus operaciones económicas y con eso provocar el cese de pagos a los proveedores nacionales y al despido masivo  de trabajadores por parte de éstos, o, a través de esas empresas descubrir a los miserables funcionarios peruanos que abrieron las sucias puertas de la corrupción ofertada por esas empresas.

Decimos que era el dilema central porque la Fiscalía no tenía capacidad de investigación autónoma sino que dependía al cien por ciento de la información proveniente del Brasil. El asunto es que no trabajó bien la colaboración eficaz, las empresas se acogen a procesos de reestructuración en Indecopi, no pagan a los proveedores nacionales que están por quebrar y se han perdido miles de puestos de trabajo. Lo que tenemos hoy es un escenario de impunidad.







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