¿Desinterés o desconcierto?

¿Desinterés o desconcierto?
  • Fecha Jueves 30 de Enero del 2020
  • Fecha 2:50 am

Desde la caída del régimen fujimorista hemos venido asistiendo a la entronización del poder caviar en todo el aparato estatal, con un evidente ejercicio del poder político a través de títeres de turno que aquel promueve como imagen y luego introduce en las lides electorales borrando antecedentes, por más cuestionables que sean, siempre y cuando terminen arrodillados ante su poder.

El caso de Paniagua fue muy evidente, pero, por las circunstancias de entonces, nadie quiso darse cuenta. De allí viene el ablandamiento del trato para los terroristas, la facilitación de su excarcelación, el desinterés frente a su reagrupación y cambio de piel para volver a infiltrarse en la base social y participar en política sin abandonar su ideología “pensamiento Gonzalo”; y, como contrapartida, desde entonces comenzó la cacería de políticos y militares que enfrentaron al terrorismo y lo vencieron militarmente, utilizándose el eufemismo de conflicto armado interno y de un presunto plan de exterminio desde el Estado, sin respeto de los derechos humanos, cuando todos sabemos que en estos casos, las responsabilidades son aisladas y como tales debieron tratarse.

El tema Humala fue clamoroso, no les importó que el candidato se entregara al financiamiento chavista y representara en el Perú esa opción política que ya sabemos a dónde condujo a Venezuela, tampoco les interesó el pasado del capitán ‘Carlos’ y menos investigar los crímenes que se le imputaban, apareciendo evidencias, luego ocultadas, de corrupción de testigos; tampoco importó que, llegado a la presidencia, él no gobernara sino su esposa, ni siquiera hoy que están involucrados en tremendos casos de corrupción.
Maniobraron muy bien frente a la incompetencia fujimorista para echar del poder a Kuczynski por su proclividad al indulto a favor de Alberto Fujimori y negociar con los fujimoristas para reemplazarlo con el hoy presidente Vizcarra, desatando una guerra judicial que apunta hacia un solo lado, la de los rivales, hasta descabezar a las más importantes instituciones del Estado, haciéndose del control de las Fuerzas Armadas y Policiales.

Con la Junta Nacional de Justicia conformada por toledistas, humalistas y caviares, ya tienen asegurado el control de todo el aparato de justicia porque vienen las ratificaciones, destituciones y demás evaluaciones. En este caso ya no se disfrazan porque su nivel de control estatal es total. Han puesto como presidente de un Comité Consultivo a Diego García Sayán a quien todo el mundo conoce y sabe de dónde viene y todo lo que hizo.

En estas elecciones de enero, el ausentismo y el número de votos nulos y en blanco es demasiado alto y los congresistas elegidos no gozan de gran legitimidad. Es como si el pueblo quiere ver qué pasa con ellos. El Ejecutivo tampoco debe estar feliz porque el Partido Morado que predicó a favor del gobierno como portaestandarte del mismo ha logrado una magra votación.
Lo que debe quedar claro es que el pueblo está probando como opción a los extremos: una derecha desde el pescado, el fujimorismo y Urresti, frente a una izquierda radical del antaurismo. Esta fragmentación y desinterés ciudadano ante el descrédito político puede desembocar en cualquier barbaridad.



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