El Perú de rodillas… y la población en desamparo total

El Perú de rodillas… y la población en desamparo total
  • Fecha Jueves 27 de Febrero del 2020
  • Fecha 3:10 am

Con los desastres naturales que nos agobian por sus secuelas de muerte y destrucción frente a un gobierno que ha demostrado ni saber reconstruir lo dañado, menos prevenir el daño, de modo que no cabe sino esperar a que pase la hecatombe de huaicos, temblores, incendios, asaltos, inundaciones de poblados enteros con muertos y desaparecidos, amén del mal recuerdo de la deflagración del gas en Villa El Salvador que llevó la muerte a los hogares más humildes de Lima, esperar, para ver después qué es lo que podemos hacer para recuperarnos. El Gobierno no ha presentado plan alguno de contingencia y los paseos del Presidente en helicóptero resultan pura finta propagandística.

Con esos desastres y la ya no tan lejana amenaza de esa plaga apocalíptica llamada “coronavirus”, ante la cual nuestro sistema de salud, colapsado en su totalidad y sin medios ni instrumentos, ni personal, ni nada, solo nos queda confiar en la misericordia divina para que el mal que sobrevenga no cause demasiados estragos.

Dicen muchos que el dinero falta y que la crisis económica que vamos enfrentando por el ya “congelamiento de nuestra economía”, no permite al Gobierno ejecutar sus planes, aunque nosotros sabemos que no hay plan alguno qué ejecutar.

Sin embargo, ahora nos enteramos que el equipo Lava Jato le ha concedido tantos beneficios a Odebrecht, el Ejecutivo actuó con esa empresa de manera tan complaciente (ahora sabemos la razón), le dejó el campo libre para que recuperara su inversión en el gasoducto con el compromiso del Estado de convocar a una nueva licitación para la ejecución de esa obra y que el adjudicatario le pague a la corruptora Odebrecht un elevado monto por un gasoducto sobrevalorado de forma grosera y sin garantía alguna de la existencia de gas suficiente para trasladar por ese ducto; claro, si la ejecución de la obra y el endeudamiento del futuro adjudicatario ha sido avalado por el Estado.

La ley establece que, por la colaboración eficaz, a los cabecillas de las organizaciones criminales no se les puede premiar sino con la disminución de la pena y a la persona jurídica a través de la cual actuaron, con beneficios que guarden proporcionalidad con la información que se compromete a proporcionar y el daño causado.

Los fiscales negocian el quantum de la pena, pero la reparación civil a favor del Estado la establece el Ejecutivo y la exige el procurador como abogado de aquél, de modo que no podemos aceptar que el Gobierno quiera lavarse las manos por las consecuencias del bendito acuerdo que sigue siendo secreto.

Lo inaceptable es que a través de una seria investigación periodística sabemos que los fiscales le han condonado a Odebrecht, sin tener facultad ni constitucional ni legal para hacerlo, más de mil millones de soles de deuda tributaria, lo que habría dado lugar a que la Sunat instruya a su procurador para denunciar penalmente a los fiscales responsables de este desatino.

Así estamos. En nada. Si esto es gobernar, realmente estamos perdidos.



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