Marcos Ibazeta Marino

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Los aparentemente inofensivos colectivos

En nuestra columna de la semana pasada decíamos que, si bien es cierto estamos en guerra contra la corrupción, nos preguntábamos si el Gobierno había entendido que esta guerra del pueblo es contra todos los corruptos y no solo contra los adversarios del poder de turno, porque existe un evidente hálito de favorecimiento a los amigos que, con el caso del ex primer ministro Villanueva, se refuerza grandemente en la percepción ciudadana, si es que comparamos el tratamiento contra los llamados cuellos blancos, en el cual se mandó a la cárcel a todos, mientras que con Villanueva, éste se va libre y la cárcel parece estar esperando a los fiscales involucrados con él.

La pregunta que nos hacíamos se justifica plenamente porque en la misma columna hacíamos un recorrido descriptivo de la forma en que paulatinamente el Gobierno está concentrando demasiado poder político, económico y social, poniendo a su disposición a los medios de comunicación, jaqueando a las organizaciones empresariales y a punto de desenvainar la espada de la llamada reforma del sistema de justicia para poner de rodillas a todos los jueces y fiscales.

Esta peligrosa concentración de poder orientando a la psicología colectiva mediante la sumisión, voluntaria o interesada, de los medios de comunicación que solo aplauden lo que el régimen dice o hace, está derivando en una ya manifiesta intención de control de contenidos y monopolio de la libertad de expresión para los acólitos, hecho que se ha evidenciado con la destitución del presidente del Instituto de Radio y Televisión del Perú, quien ha denunciado haber sido víctima de presiones para propalar solo las noticias del gusto del gobierno y entrevistar solo a los aliados del régimen.

Decimos que este proceso de empoderamiento tiene similitud con los métodos impulsados desde el Foro de Sao Paulo para la captura del poder utilizando las lides electorales con infiltrados políticos legitimados por una prensa sometida, pero manejando con maestría las redes sociales.

Ya lo han logrado en el Ecuador, Bolivia, Argentina y totalmente en Chile, a través de los llamados “colectivos” que se movilizan al son que le tocan desde los medios, respecto de hechos que el gobierno de turno convierte en foco de rechazo popular.

No son reacciones espontáneas. Están perfectamente organizadas y coordinadas. A nadie hasta hoy le ha importado que, en las marchas de protesta, los grupos radicales con elementos vinculados a grupos terroristas y la ultra en general, tengan el portaestandarte de la movilización. Gracias a Dios, en el Perú todavía hay contramarchas que están frenando un desenlace violento.



ico-columnistas-1-2018

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