Mariella Balbi

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SOBRE EL VOLCÁN

Acerca de Mariella Balbi:



Imposible disfrazar el golpe de Estado

En el exterior ya se catalogó el golpe de Vizcarra como tal. Nadie en su sano juicio puede negarlo, menos cuando la pueril razón para realizarlo ha sido “la denegación fáctica” de la confianza por el Congreso, una figura jurídica que no existe. La Comisión de Venecia, aunque no vinculante, se pronunció por la necesaria independencia de poderes, remarcando que el Ejecutivo no puede imponer una reforma constitucional al Parlamento. Cuando el ‘Wall Street Journal’ (WSJ) publicó el titular: “Golpe de Estado en el Perú”, a Vizcarra y a su corte se les pararon los pelos de punta. Imposible controlar a uno de los diarios más influyentes del planeta. Vino una seguidilla de declaraciones ministeriales pretendiendo negarlo.

El ministro de Defensa, bien al ‘tintoreto’ como diría Luis Bedoya, dio una explicación ridícula: no hubo tanques en la calle, dijo. Olvidó mencionar que la Policía, lista negra en mano, negó el acceso al Congreso a los legítimamente elegidos. Usó la fuerza. Esta actitud dictatorial probablemente hizo que el ministro del Interior, de manera patanesca, mandara a los parlamentarios disueltos a buscar trabajo. Vizcarra se ha volcado al asambleísmo con gobernadores regionales y alcaldes (los llama el pueblo), soslayando que al finalizar el año la ejecución del gasto público es inferior al 50%. Un país parado, no puede responsabilizar al Congreso de su ineptitud. Típico de un dictador. Como también lo es decir que “Olaechea usurpa funciones” si firma como presidente del Congreso la demanda ante el Tribunal Constitucional. El ladrón, el golpista, llamando ladrón a otro. Vizcarra decide qué es legal y qué no, además de declarar con desfachatez que él asume -como si pudiera– la responsabilidad del golpe, contrariando la ley que señala que el cierre del Congreso debe ser firmado por el gabinete. Demostrando baja catadura moral, el Ejecutivo contrata de asesor para la cuestión de confianza a un acosador sexual, Gerardo Távara, ex Transparencia.

Esta institución tardó en denunciarlo pero en esos corrillos todos sabían de sus inconductas. La prensa adicta lo llevó a programas pre y post golpe como ‘gran’ analista. Las periodistas no se indignaron. Doble moral. El gobierno nos manda a interesarnos por las próximas elecciones que serán un tremando desmadre. Ante las críticas y dudas, el gobernante solo dice que “siempre habrá obstruccionistas”, eludiendo que la mayor evidencia de su dictadura es que los comicios se inician manteniendo en prisión, arbitrariamente, a la lideresa más importante de la oposición. El gobierno de facto se manejará a punta de decretos de urgencia, modificando leyes orgánicas. Nadie lo fiscalizará, la prensa adicta al régimen es comparsa del Ejecutivo. La mano de Odebrecht está detrás del golpe. Veremos si la justicia le ‘devuelve’ S/ 525 millones. Es clarísimo que este es un gobierno golpista. Afuera no se cree que los chanchos vuelan.



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