En la década de los ochentas, entre la crisis económica y el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA, surgió un grupo de escritores y escritoras esplendido, opacado por la coyuntura, como es comprensible.

Escritores como Jorge Valenzuela, Guillermo Niño de Guzmán o Pilar Dughi, entre otros, hoy vuelven a ser editados y debatidos. Cocodrilo ediciones, en este mismo tenor, ha acertado al publicar Desde el exilio de Mariella Sala, un libro que era inhallable, cuyo estilo y temática son más que vigentes.

En general, los cuentos de Mariella Sala se tejen con oraciones cortas, con el mínimo de adjetivos, con una prosa limpia y directa, con finales poderosos. Escribe sobre la ciudad, la locura, la soledad y también sobre diversos tipos de violencia que sufren las mujeres. Como en el Microbús. La descripción que realiza del viaje cotidiano de una mujer a su sitio de trabajo es cautivante por la atmósfera angustiante, pestilente y de absoluta indefensión por parte de la protagonista.

Muestra el sometimiento terrible a la imponente realidad del abuso de hombres y sus miradas lascivas, tocamientos ocultos y la indiferencia de todos ante las víctimas de un viaje ineludible. La prioridad para la protagonista es llegar a su trabajo, no perderlo, no fallar y por eso soporta la vulgaridad de la ciudad. Otro tipo de violencia es la que enfrenta la protagonista de La playa. Ella, una mujer embarazada, decide pasear cerca de la orilla de una playa cercana. Busca algo de paz. Se cruza con una pareja, que se increpa airadamente. Al día siguiente, la protagonista descubrirá que la mujer de la discusión fue hallada muerta. ¿Pudo hacer algo para evitar el trágico final? ¿Puede hacer algo para buscar justicia? Su impotencia es la de todos, pero su soledad es particular y conmovedora.

La narrativa de Mariella Sala estimula la reflexión sobre lo que oculta lo cotidiano, la normalización de la violencia social y sobre la solución que encuentran sus protagonistas a este mundo tan lamentable: el exilio.