Martha Chavez

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¡Keiko Fujimori presa política!

Desde que este diario me concedió la posibilidad de escribir un artículo semanal, he tenido como meta acercar a los lectores al contenido de la Constitución. Lejos estaba y está hacer defensa de los derechos de personas determinadas, menos aun cuando ellas tienen una defensa técnica adecuada. Sin embargo, no puedo dejar de referirme al caso de Keiko Fujimori, pues lo que ella está enfrentando hoy puede ser el nefasto anuncio de lo que podríamos tener que enfrentar tarde o temprano todos en el Perú.

En Keiko Fujimori, joven ciudadana peruana, arraigada voluntariamente en el Perú –vino a contraer matrimonio aquí en los peores momentos de la persecución desatada contra los fujimoristas por el corrupto Toledo-, que decidió hacer política y dedicar tiempo, preocupación y salud en organizar una alternativa de gobierno y que hoy es la indiscutible lideresa de la oposición, se ensaya, sin pudor alguno, la utilización del andamiaje legal para perseguir y eliminar todo atisbo de fiscalización al poder de turno.

Keiko Fujimori es privada de su libertad para ser investigada -¡una vez más pues ya lo fue en casi una docena de investigaciones a lo largo de tres lustros!-, sin haber sido jamás funcionaria pública con facultades ejecutivas (fue congresista en el período 2006-2011, la más votada en toda la historia republicana en distrito múltiple), sin siquiera tener acusación fiscal y, lo más importante, sin existir elemento objetivo indiciario, menos aún probatorio, de ser responsable de alguna infracción o delito. Está probado, con diversos hechos de público conocimiento, que quienes usan su cargo público para perseguir a Keiko Fujimori, tienen una relación estrecha con el presidente de la República: que interrumpe un viaje presidencial para regresar a defender una estabilidad funcional que se asigna y cambia a dedo, que sostiene a ministros que les contratan en cargo de confianza del Ejecutivo a parientes cercanos, o les asignan como compañeros de acción a procuradores que claudican de su misión de defender los intereses del Estado.

La impecable defensa legal de Keiko Fujimori que busca sea procesada en libertad, se estrella con una pared, que no solo obedece a la infiltración del pensamiento único en la Administración de Justicia, que venimos denunciando desde hace casi dos décadas. Tengo la convicción de que se explica en una masiva extorsión a los operadores de la justicia por escuchas y seguimientos de los que han sido objeto por un aparato de policía política creado por el humalismo y heredado a este gobierno. ¡Es momento de actuar! La





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