Martha Meier M.Q.

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DERECHO DE GUERRA

Acerca de Martha Meier M.Q.:





Ineptitud y poder

Para el inepto con poder la culpa de sus fracasos la tienen factores externos y los otros. El Congreso es “obstruccionista” decía Pedro Pablo Kuczynski, de los peores gobernantes de los últimos tiempos; tan inútil como la ex alcaldesa Susana Villarán que responsabilizaba al “olón”, al “huaico”, al “oleaje anómalo” y todo fenómeno natural previsible para justificar su improvisación. Hoy ambos están enredadísimos en el caso “Lava Jato”.

Sus personalidades encajan en un sesgo cognitivo que los psicólogos llaman ‘síndrome de Dunning-Krugger’, por los nombres de los doctores de la Universidad de Cornell, David Dunning y Justin Krugger, que lo describieron. Todo empezó cuando el profesor Dunning leyó sobre el robo a dos bancos perpetrados por un tal McArthur Wheeler, a plena luz del día y sin taparse la cara. Tras su captura dijo no comprender cómo fue reconocido pues había invisibilizado su rostro con jugo de limón, según se lo recomendaron unos amigos. Es más, decía haber comprobado la efectividad del método al echarse limón en la cara y tomarse una foto en la que ésta no aparecía, sin pensar que sus ojos irritados por el limón le hicieron disparar la cámara en dirección distinta a su cara. “¿Alguien puede ser tan tonto?”, se preguntó David Dunning. Convocó entonces a Krugger, uno de sus más brillantes alumnos, para buscar la respuesta a tamaña estupidez.

Descubrieron que la incompetencia impide al inútil darse cuenta de su carencia de habilidades ni reconocer la impericia de otros. Por eso el inepto se rodea de mediocres, sobones y “chicheñores”, en vez de quienes podrían ayudarlo a alcanzar el éxito. Padecen un ilusorio sentido de superioridad, creyéndose más inteligentes que el resto, inclusive más que personas brillantes y altamente preparadas. Dicen que Marcelito Odebrecht es así y por eso creía infalible su metodología de corrupción. El psiquiatra español Jesús de la Gándara explica el efecto Dunning-Kruger como “una relación entre estupidez y vanidad” (algo así como el “pavo” que se alucina “vivazo”).

En el gobierno, los inútiles no pasan del discurso a la práctica, solo quieren aplauso y popularidad. El mismo psiquiatra español dice que “estos parámetros vienen al pelo para catalogar e interpretar muchas de las decisiones y desaciertos de tantos pretendidos ‘expertos’ en economía y política, que nos han llevado a donde estamos”.

El gobernante incompetente debe reconocer que padece de la misma ceguera del ladrón que se tomó la foto con los ojos nublados por el jugo de limón y se creyó invisible.





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