Martha Meier M.Q.

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DERECHO DE GUERRA

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La claudicación de Piñera

En la alfombra roja de los Latin Grammy, la cantante chilena Mon Laferte exhibió el pecho sobre el que tenía escrito “En Chile torturan, violan y matan”. Una demostración de la sofisticada capacidad de los propagandistas comunistas para generar imágenes icónicas que, para desdicha del presidente Sebastián Piñera, ha dado la vuelta al mundo, junto a las de un Chile convulsionado.

El aumento del precio del pasaje del metro fue la excusa para el estallido social, pero Michelle Bachelet como presidenta aumentó cuatro veces el precio del pasaje y no hubo revuelta alguna. Los analistas sostienen que las protestas resultan de treinta años de promesas incumplidas por los sucesivos gobiernos socialistas; de hecho, la derecha solo llegó al poder dos veces, con Piñera pero este ha claudicado. No supo defender la Constitución que convirtió a su país en una potencia sudamericana, estaba demasiado alejado de su gente como para demostrarle que la tan mentada desigualdad no existe. Le atemorizó el desborde callejero que jamás intuyó, un ataque frontal contra la democracia.

Piñera no supo explicar la importancia de preservar la democracia, como lo hizo Michelle Bachelet en su discurso de investidura (2006): “El mundo observa con atención la experiencia de este pequeño país, que supo salir pacíficamente de una dictadura, construir una democracia sólida, reencontrarse, progresar, y que ha sabido sacar a millones de compatriotas de la pobreza, en libertad y dignidad para todos”. ¿Piñera no pudo aunque sea recordar eso? El hombre habló de “guerra”, después de “paz”, en el intermedio se filtró una conversación de su esposa refiriéndose a quienes protestaban como “alienígenas”. Ese es el grado de distancia entre la élite política y quienes reclamaban de todo y por todo en las calles, algunos en paz y otros incendiando, destruyendo y vandalizando.

En solo 28 días, el presidente se arrodilló ante la turba, azuzada por la brisa bolivariana, y aceptó cambiar la Constitución de 1980. Ayer sus parlamentarios y los de la oposición llegaron a un acuerdo para un plebiscito para un referéndum sobre si el elector apoya o no el cambio; y la segunda con dos fórmulas para hacerlo, sea por una convención constituyente compuesta exclusivamente por ciudadanos o con participación mixta de parlamentarios y ciudadanos (50-50); es decir, la democracia maximalista de Marx llevada al extremo. El Partido Comunista y la Federación Regionalista Verde Social, FRVS, se desmarcaron del acuerdo porque van por más, mucho más. El futuro de Chile aparece incierto. ¿Aparecerá un nuevo Pinochet o un castro-chavista? Lo más probable es lo segundo.



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