Martha Meier M.Q.

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DERECHO DE GUERRA

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La pesadilla del golpista

El golpista está nervioso, creyó que disolviendo el Congreso terminaría su pesadilla, no intuyó que las congresistas que denunciaron e investigaron infatigablemente el caso Lava Jato -la corrupción transnacional más grande de la historia- postularían en enero de 2020 para culminar el periodo legislativo para el que fueron electas en 2016. El avispero se agitó apenas trascendió que eventualmente volverían Rosa Bartra y Jenny Vilcatoma, grandes enemigas de la impunidad de la que gozan Odebrecht y sus consorciadas locales, pese a haberse comprobado el robo de varios miles de millones de dólares a nuestro país. Volverá también Mauricio Mulder, una voz incomodísima para el inquilino de Palacio, quien en el pasado fue proveedor de Odebrecht y apoderado de Graña y Montero. ¿Qué joya de “presidente”, eh? El viernes entró en escena Gloria Montenegro, cegada por su fajín ministerial.

La ex acuñista y hoy devota del vizcarrismo golpista estaba en Paracas y Chincha lanzando la Estrategia #PonteEnModoNiñez y aprovechó para decirle a los periodistas: “El Perú le ha dicho al Congreso, basta, no los queremos y no pueden estar ni el 2020 ni el 2021. Esto es competencia de los entes electorales que esperamos se pronuncien cuanto antes”. ¿Perdón, el Perú? No fue el Perú quien disolvió el Congreso sino Vizcarra y el señor no encarna al Perú, ¿o vivimos bajo una monarquía absolutista? Así, la ministra de la Mujer y Poblaciones Vulnerables adelantó opinión sobre un tema electoral e indirectamente le ordenó al Jurado Nacional de Elecciones, JNE, tachar las candidaturas de los diecinueve que han decidido completar su periodo congresal, aunque la inquietud real es por Bartra, Vilcatoma y Mulder pues conocen cuán cerca estuvo Vizcarra de la mugre y cómo le salpicó. Mañana lunes los miembros del pleno del JNE debatirán si los exlegisladores podrán participar en las elecciones complementarias de enero. Veremos si actúan con independencia, puede que solo sirvan a los intereses del Ejecutivo, o de Odebrecht que a estas alturas vienen a ser casi lo mismo.

El JNE debería contribuir al rescate de la nuestra democracia y permitir a los elegidos en 2016 completar el periodo congresal interrumpido. No hacerlo atropella los derechos políticos de los candidatos y anula el resultado de tal elección, y si así fuera tendría que irse el mismísimo Vizcarra, quien muy probablemente tras los resultados del 26 de enero de 2020 podría lamentarse como Stephen, personaje de la novela “Ulises” de James Joyce, “La historia es una pesadilla de la que intento despertar”.



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