Martín Belaunde Moreyra

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Educando a Evo Morales

Para Bolivia la cuestión del mar es más que un anhelo, es un sueño, y una obsesión. Lo ha sido siempre desde que perdió Antofagasta como consecuencia de la Guerra del Pacífico y esa pérdida se formalizó con el Tratado de 1904. En términos objetivos, sin considerar el ánimo del pueblo boliviano, el tratado brindó facilidades que de una u otra forma han permitido que Bolivia se desarrolle en los últimos cien años. Bolivia carecía de mar, pero no de puertos, así estuvieren bajo la soberanía chilena, que le brindaron un servicio eficiente, pero con un estigma. La presencia chilena en el mar que significó para los bolivianos una humillación permanente, más allá de cualquier conveniencia económica. Bolivia ha avanzado muchísimo en las tareas del desarrollo, pero con esa limitación.

Hoy en muchísimos sentidos Bolivia es un país altamente integrado entre el Ande y el llano amazónico. En ese aspecto Bolivia puede darle al Perú más de una lección. El desarrollo y la expansión de Santa Cruz es una realidad extraordinaria que el Perú puede envidar porque no tenemos nada parecido. Hace 50 años Víctor Paz Estensoro, presidente de Bolivia en cuatro ocasiones, hablaba del eje geopolítico La Paz-Cochabamba-Santa Cruz. En el Perú no existe.

Sin embargo, la ausencia del mar ha gravitado pesadamente en la conciencia política boliviana. Desde la segunda mitad del siglo XX el Estado boliviano, sea cual fuere su régimen político, se empeñó en complicadas negociaciones diplomáticas con Chile para obtener una salida marítima. En algunos momentos estuvo cerca, pero nunca llegaron a concretarse en un acuerdo firme. Bolivia las consideró precedentes vinculantes, Chile ofertas sujetas a una negociación inconclusa. Para Chile no fueron promesas, para Bolivia sí al menos en un plano ético-jurídico.

Por eso demandó a Chile ante La Haya para forzar una negociación que llevara a la salida marítima, sea por la dinámica de las conversaciones o por lo fuerza de la opinión pública internacional. El intento fracasó y por mucho que la Corte de La Haya recomiende negociaciones bilaterales entre Bolivia y Chile, estas no tendrán un carácter obligatorio y con seguridad se estrellarán con la negativa chilena por lo menos en la cesión de un espacio soberano. Tal es la realidad internacional que Evo debe aprender más allá de cualquier voluntarismo político, que ha sido su actitud constante desde que asumió el poder.






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