Martín Belaunde Moreyra

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En el mes de la mujer

Seré contrafáctico afirmando que para honrar a la mujer no existe nada mejor que la hombría de bien. Curiosamente en el lenguaje común y corriente no hay ninguna expresión equivalente desde el lado femenino. Sin embargo, a mi juicio es necesario afirmar esa característica como una forma práctica de enaltecer a la especie humana, compuesta de ambos sexos y de sus expresiones cultural o eróticamente intermedias, sin que ello implique desmerecer a nadie. Todos tenemos el derecho a comportarnos como somos y queremos ser en la convivencia humana y social. Frente a ese anhelo nada mejor que el respeto recíproco y permanente.

En estos días los medios y las redes sociales nos repiten con machacona insistencia el concepto de paridad. ¿Qué podemos entender por eso? Algunos afirman que las funciones públicas y hasta las privadas deben ser distribuidas entre hombres y mujeres, o viceversa, con precisión matemática al margen de las capacidades personales. Si el jefe de Estado es varón, la jefatura de gobierno debe ser ocupada por una mujer y así sucesivamente. Es la regla del cuoteo que solo se aplica en Líbano, donde el presidente debe ser cristiano maronita, el primer ministro musulmán sunita, recayendo la presidencia del parlamento en un musulmán chiita. Ese sistema impuesto por la diversidad religiosa, no trajo la paz a ese país y en algunos momentos quizás exacerbó el conflicto. Pero se mantiene como un caso único en el mundo.

Evidentemente en el Medio Oriente no hay nada que se parezca al Líbano, incluyendo su vecino Israel y los países islámicos que los rodean. En la cultura occidental la condición de la mujer ha avanzado dramáticamente, pero en los Estados Unidos Hillary Clinton, feminista convicta y confesa, fue derrotada por el machista Trump en ajustadas elecciones. En América Latina si hemos tenido presidentas mujeres en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile y Costa Rica. En los países de la órbita británica ha habido notables mujeres que ejercen o ejercieron el cargo de primer ministro, incluyendo Pakistán que es un país islámico por definición. Sin embargo, en ningún Estado del mundo rige una supuesta paridad a pesar de una enorme participación femenina como es el caso de Ángela Merkel en Alemania. Y ni hablar de China y Japón donde prevalece un liderazgo masculino. Debemos reconocer que la capacidad humana no está predeterminada por el sexo o el género.





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