El presidente que repite como papagayo “mi gobierno lucha permanentemente contra la corrupción”. El mismo presidente que ha dañado al país con sus emprendimientos. Desde el escándalo Chinchero, al “pacto secreto” con Odebrecht, la Reconstrucción con Cambios, la inseguridad ciudadana, etc. El presidente que ha llevado al Perú a que, internacionalmente, se le califique como “el país que peor ha gestionado la crisis del Covid”. El presidente que ha generado un desastre económico tras encomendarle el MEF a una señorita probablemente plena de calificativos teóricos, pero sin el peso específico que debe exhibir quien maneja las finanzas del país ni menos la experiencia que demanda administrar el Erario Nacional. En síntesis hablamos del presidente Vizcarra, quien aparece en audios dando órdenes a sus subalternos para que alteren los registros oficiales de palacio de gobierno a efectos de obstruir la Justicia para esconder pruebas fehacientes ante el Parlamento Nacional y la Fiscalía de la Nación, convirtiéndose en jefe de una organización criminal. A Vizcarra se le enrostra ejercer influencia desde su cargo para que el Estado contrate a amiguitos descalificados. Ese mismo Vizcarra que salía diariamente en televisión desinformando al país sobre la pandemia. Pues ayer, con jactancia y prepotencia, Vizcarra sostuvo “No entraré al fondo del asunto.

Eso que lo hagan los fiscales; no los congresistas”. Hablamos del orondo presidente que asistió al recinto congresal supuestamente para defenderse frente a la moción de vacancia por incapacidad moral acordada por la representación nacional. Aunque, de plano, se presentó mal trajeado. Sin corbata. Sibilino mensaje de desprecio al primer poder del Estado. Por cierto no se quedó a escuchar la defensa de su letrado. Más bien abandonó el Legislativo diciendo cínicamente: “Debo trasladarme a La Libertad, porque yo trabajo todos los días por nuestro país”. Una tonta excusa. Como si desconociese que la labor de un buen presidente implica que trabaje muchas veces las 24 horas al día. Sin aspavientos. Sin vanagloriarse. Recuerde ingeniero que ¡la carne viene con hueso!

También Vizcarra se refirió peyorativamente a la forma tendenciosa que “presentan los audios” del escándalo, en los cuales queda plenamente registrada su voz. Comete ahí flagrante ligereza. Porque en lugar de disculparse frente al país y el Legislativo, alegó que los audios “carecen de peritaje”. Avanzó más al manifestar que “todo proceso judicial en mi contra procedería recién al finalizar mi gestión”. Acá Vizcarra igualmente confunde en forma expresa que un extremo es referirse al proceso judicial y otro, muy distinto, a su temperamento como incapaz moral. Porque en esta instancia su idoneidad ética se encuentra descalificada. Tan sólo su voz es prueba fehaciente de incompetencia moral, cuando aparece lanzándole ucases a sus subalternos para que alterasen matrículas, repartiesen responsabilidades y modificasen registros oficiales que, de manera irrebatible, corroboran los delitos que se le imputan.

Sin embargo, ayer con ostensible hipocresía Vizcarra se limitó a pedir disculpas por la “gente cercana a mí” que divulgó trapicheos para trampear al país. Ni siquiera hubo un pedido de perdón al soberano por su comportamiento evidentemente falaz y delictivo.