Después de conocida la vacunación clandestina que benefició a Martín Vizcarra y a su esposa, quizás a algunos allegados VIP más, ha quedado por fin claro que se trata de un personaje sin escrúpulos, un inmoral mitómano y un cobarde, que sin duda merecía la vacancia en noviembre pasado y hoy merece una inhabilitación política por el Congreso de la República y un proceso penal.

Muchos lo defendieron en el pasado, algunos engañados por sus promesas y otros por los intereses que protegían y que su administración privilegiaba; hoy todos marcan distancia de él, pero es un deber de los demócratas recordar quiénes eran sus desvergonzados aliados. Esto es particularmente relevante hoy, pues la bancada Morada fue su leal escudera hasta el final, era para todo efecto práctico su grupo parlamentario. Incluso presentaron una indigna moción para devolverle la Presidencia en el marco de la crisis política que se derivó a partir de su salida. Vizcarra y ellos tienen la misma catadura moral. Son lo mismo. La “m”, de Martín, es la misma de los morados.

El Gobierno Morado está fracasando estrepitosamente fundamentalmente en la política sanitaria ante una segunda ola muy agresiva y frente a la cual parece no existir reacción estatal. Y ha fracasado así pues ha mantenido inexplicablemente hasta hace unos días al mismo equipo de salud, con Pilar Mazzetti al frente del Minsa, la misma que calló frente a las mentiras y torpezas de Víctor Zamora, cuando ella era jefa del Comando Covid y éste ministro de Salud. Mazzetti es la responsable de la falta de camas UCI, de oxígeno, de la demora con las vacunas y del esquema reiterado de cuarentena desinteligente e improvisado que no sólo no mejora las cifras covid sino que destruye la economía. Es el vizcarrismo sanitario, que esperemos cambie a partir de la entrada de Óscar Ugarte como titular del sector. Aunque su cercanía con la cuestionada jefa de EsSalud Fiorella Molinelli genera sombrías expectativas.

Es importante apuntar que Julio Guzmán, el líder fundador del Partido Morado y hoy candidato a la presidencia, ha mostrado siempre una actitud similar al del exmandatario Vizcarra. No solamente en su improvisación y la “capacidad” de rodearse de personajes mediocres, sino también a nivel personal: expuso a una mujer al peligro y decidió huir de un departamento en llamas sólo para que no quede registro de su presencia en el lugar. Un egoísta que sólo se preocupó por él mismo. Vizcarra en el marco de una pandemia que se ha llevado a más de 100 mil peruanos, decidió no hacer nada por el pueblo sino que encontró la forma de aprovecharse de su posición para salvarse él y solamente él. Tienen el mismo espíritu.

Hoy Guzmán propone que la economía se disparará y su gestión vacunará a todos los peruanos este año si es investido Presidente en julio. Nadie entiende por qué no empieza a implementar su plan de una vez puesto que su partido controla el Ejecutivo. El Gobierno Morado podría empezar a ejecutar sus ideas, pero nos dice que mejor esperemos a que él se ponga la banda para que empiece a actuar. Como Vizcarra, Julio Guzmán es también un mentiroso y un demagogo. Si no queremos que el vizcarrismo, la improvisación y la corrupción en el país continúen no votemos por el Partido Morado; ellos y Martín Vizcarra son la misma M…