No hay mayores crímenes contra la humanidad que los cometidos por el marxismo. Sesenta millones en China, veinte millones en la URSS, dos millones en Corea del Norte, dos millones en Camboya y más… Fusilamientos, confinamientos, trabajos forzados y entre sus víctimas los trabajadores y campesinos. ¿Y por qué tras casi ciento cuarenta años de la muerte de Marx, su pensamiento persiste? Ocurre que el marxismo no es solo una ideología como el liberalismo, que es la contemplación del orden espontáneo (Hayek) sino una dinámica hacia el poder, de allí que el fanatismo se guarezca, pero no se rinda. La lucha no es solo militar o política, es filosófica, cultural. Mientras el liberalismo reposa sobre la voluntad de millones de individuos que intercambian, el marxismo se mueve ruidosa o silenciosamente, pero se mueve intencionalmente a un solo punto, robustecido por el culto a su pensamiento. Es una religión, materialista y paradójicamente atea.

Podíamos creer que en Chile había llegado a su fin tras el desarrollo económico y Pinochet o que la caída del Muro de Berlín dejaba claro que había fracasado. Nadie cruzó el muro hacia el Este y nadie se embarca en Miami para llegar a Cuba. ¿Quién migra a Caracas desde Madrid? Dice el Manifiesto Comunista: “Toda la historia de la sociedad humana es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida”. El odio es tentador en la vorágine de la fábula del conflicto, lo que no dice Marx es lo que no vio: la clase media del capitalismo desarrollado en el siglo XX, los milagros económicos liberales, tampoco vio la hambruna soviética de 1922, la hambruna tártara, las hambrunas de Corea del Norte y la descomunal muerte y destrucción para llegar a nada.

¿Qué detiene al marxismo? La calidad de vida, la familia, la propiedad privada y la religión. Por tal, Marx odiaba a esta y la odiaron sus seguidores. Durante la Revolución Rusa murieron casi cuarenta mil religiosos. La persecución no distinguía templos de sinagogas y mezquitas, no había cruzados cristianos. Dieciocho mil monjes budistas murieron por los comunistas en Mongolia. Tampoco simpatizan con la idea de Nación, no hay conflicto por crear que se les escape. Si el demonio es el enemigo de la humanidad, allí su credo.

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