Leía sobre un hombre en Detroit que se encerró accidentalmente en un frigorífico. Pasaron horas mientras el hombre trataba de escapar. No lo logró. Días más tarde fue hallado muerto, según las pruebas por congelamiento. Solo un detalle, el frigorífico no funcionaba.
Otro es el caso de un falso diagnóstico. Hace años, un hombre recibió una mala noticia de su médico, cáncer. Poco tiempo después el paciente murió con cáncer, solo que el diagnóstico inicial era errado. ¿Hay algo de razón en el poder de la mente? Se sabe científicamente del daño orgánico que produce el estrés. Del estrés derivan males cardiacos, oncológicos, glandulares y demás. El estado de alerta (aunque no seamos conscientes de él) tiene origen en el sistema simpático. El dominio del sistema nervioso parasimpático (de calma) a través del dominio propio, de la respiración con exhalaciones lentas, la meditación o sustancias, disipan el estrés. Este debería ser una excepción, pues libera sustancias para salvar de una urgencia, pero se convierte en fuente de enfermedades cuando es cotidiano.
Los traumas emocionales afectan diversas partes del organismo, consta cuando hay pérdidas o miedos. Hasta allí quizás los médicos estén de acuerdo, no tanto cuando los aparentes remedios se convierten en lo que llaman “secta”. No en vano al doctor Hamer, creador de la Nueva Medicina Germánica, le cayó el gremio encima por decir que las enfermedades tenían un origen emocional con registro en el cerebro. Las enfermedades serían, desde allí, programas biológicos de supervivencia. A Hamer le fue mal, fue suspendido y condenado. A la Medicina ortodoxa le viene mal lo que no comulga con ella. A la ciencia se le respeta… cuando es ética y curiosa; pero difícil que haga oídos al estudio de las vibraciones y las frecuencias en las curaciones (algún día será el eje). Esto último suena al efecto “sanador” de los cuencos tibetanos. Quizás la medicina del futuro corra por allí, como en aquel hospital chino que, como vi, curó un cáncer con la orden en voz alta de médicos entrenados. Recomiendo la lectura sobre la chamana mexicana, Pachita, que materializaba órganos para trasplantarlos en segundos (leer el libro del confiable Jacobo Gringberg). Superchería dirán, como dicen de la biodescodificación (inspirada en Hamer), la bioneuroemoción, la hipnosis, la PNL y el Gestalt.
La ciencia que se tapa y no trata de comprender los fenómenos termina convirtiéndose en “secta”, adjetivo que atribuye a lo demás.

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