Hoy en día llevamos un mundo de información en nuestras manos o en nuestros bolsillos, gracias a un pequeño dispositivo tenemos acceso a una cantidad ilimitada e inimaginable de datos, información y conocimiento; pero, cuanta más información compartimos y a la cual accedemos, se hace más difícil distinguir entre lo real y lo falso, lo bueno y lo malo, lo claro y lo oscuro; algo así como saber más, pero entender menos. En esta vida moderna, la información está sectorizada, el público está segregado en franjas y recibe información aislada; el internet y el análisis de sus datos permite que accedamos a más información, y a la información que queremos, nuestra vida en línea ya es personalizada, muestra de ellos son las redes sociales, donde nos aparecen los anuncios y las noticias que son de nuestro interés o que satisface nuestras preferencias; toda esta información acaba por crear un perfil tanto personal como un perfil de nuestra realidad; hemos creado una situación paradójica: creer que sabemos más y, sin embargo, no estar de acuerdo con lo que sabemos.
La polarización de la información y del conocimiento viene preocupando a la sociedad digital y ya se está tratando de rediseñar las plataformas para hacerlas menos susceptibles a la polarización; corregir la tecnología es importante pero no será suficiente para superar el problema de la polarización de la información y del conocimiento, no se trata tan sólo de un problema tecnológico; sin duda, se trata de un problema humano, de cómo pensamos y de qué valoramos. La filosofía siempre nos ayuda cuando se nos presentan este tipo de cuestiones, esta vez nos aclarará el panorama haciéndonos ver que vivimos en una realidad común, algo fácil de enunciar pero difícil de entender; acompáñenme a hacer un ejercicio filosófico: en primer lugar, debemos creer en la verdad, algo complicado en los últimos tiempos, vivimos ensimismados en nuestras propias perspectivas sin poder salir de nuestros prejuicios, cuando procuramos salir de esa órbita recibimos más información desde nuestra perspectiva, alimentando nuestro escepticismo, seguimos sosteniendo algo que se pierde en el tiempo, que “la verdad objetiva es una ilusión”, confundiendo la dificultad de estar seguro con la imposibilidad de la verdad; lo segundo sería el atreverse a saber, las nuevas tecnologías nos deben facilitar esta tarea, sin embargo, cada vez somos más dependientes de la información del mundo digital y nos hemos vuelto receptores pasivos, hay mucha diferencia entre descargar información y comprender dicha información, lo que obtenemos al “googlear” termina siempre dándonos la razón, debemos atrevernos a comprender, corriendo el riesgo de estar equivocados, que lo que queremos no sea necesariamente lo que es verdad; por último, tengamos un poco de humildad (humildad epistémica), seamos conscientes de que no lo sabemos todo, debemos tener apertura a nuevas experiencias y evidencias, nuestro conocimiento mejorará y se enriquecerá con los aportes de los demás, no confundamos confianza en uno mismo con arrogancia, esta última termina distorsionando la verdad que buscamos.
En conclusión, no perdamos de vista a la realidad común, por más obvia que nos parezca; las democracias no funcionan sin el esfuerzo de los ciudadanos por habitar un lugar común donde se puedan intercambiar ideas cuando no se está de acuerdo, aceptando esa realidad; debemos creer en la verdad, fomentando formas más dinámicas de conocimiento, con la humildad suficiente para darnos cuenta que no sabemos todo ni tenemos respuesta para todo; ampliemos nuestra comprensión y no solo nuestro conocimiento pasivo. ¡Veamos más allá de nuestras perspectivas!