¨El periodismo puede ser el más noble de las profesiones o el más vil de los oficios¨, dijo Luis Miró Quesada de la Guerra. La narrativa de un periodista incluso cuando su opinión está inmersa debe ser lo más cercana a los hechos, pues su esencia debe ser la verdad, ya que formará opiniones de todos quienes confiamos en lo que nos dicen, y en muchos casos ayudará en la búsqueda de justicia de quienes se encuentran indefensos ante los abusos.

Cuando un periodista traiciona esa confianza, oculta la verdad o la distorsiona para servir a diversos amos como el poder, el dinero, la fama, el odio, pues ese periodista se convierte en un traidor a su propia naturaleza generando un gran daño a la sociedad, generando injusticia. Lamentablemente siempre han existido, pero al final, aunque a veces no se dan ni cuenta terminan llevando una vida de miseria interior que los va consumiendo poco a poco, además del desprecio que todos terminan sintiendo por ellos cuando aparece la verdad.

En la Rusia de los años 1932-1933 gobernada por Joseph Stalin, Ucrania sufrió una atroz hambruna denominada Holodomor (muerte por inanición) que mató a más de 5 millones de personas. Todo hace indicar que Stalin fue el causante debido al deseo de eliminar a los ucranianos, quienes entre otras cosas se resistían a dar sus tierras al Estado, se habían proclamado independientes, y consideraban el comunismo como una segunda esclavitud luego de haber sido siervos del zar. En ese contexto el periodista galés Gareth Jones, quien vio lo que sucedía mientras se encontraba en Rusia, se esforzó por denunciarlo al mundo luchando contra el aparato estatal, siendo amedrentado y amenazado. En el otro lado de la orilla estaba Walter Duranty quien era corresponsal del New York Times en Moscú y servidor del régimen, quien escribía sobre los éxitos sociales y económicos que había logrado Rusia, haciendo todo lo posible por ocultar lo que sucedía en Ucrania. El régimen había identificado las debilidades de Duranty, así que lo trataban como rey, lo engreían, lo invitaban a todas las recepciones donde se relacionaban con la alta clase, le daban acceso a información, y por supuesto era aplaudido por el grupo que le creía y hasta se ganó un Pulitzer.

Recordemos que en esa época la información no corría tan rápido, tomó años saber la verdad. Gracias al historiador Robert Conquest, las investigaciones del Instituto Ucraniano de Recuerdo Nacional, y con la apertura de los archivos, tras la caída de la URSS en 1991, se confirmó la magnitud de la hambruna. Sin duda para un mundo mejor necesitamos más periodistas tipo Jones y menos tipo Duranty.

@sandrostapleton