No darle la confianza a Cateriano es una muestra emblemática del desprecio del Congreso por el país. Generar un golpe más, cuando nos estamos hundiendo por la enfermedad y la recesión es de una irresponsabilidad inaceptable. En el Perú, los discursos políticos largos y pretenciosos solo me generan desconsuelo, evaporan toda esperanza. Parecía que el premier estaba en campaña electoral por sus generosos ofrecimientos pero no, se trataba de un cortísimo último año de un gobierno que jamás ha podido cumplir con sus promesas. Debió ser un mensaje breve, con cinco proyectos de corto plazo y de inmediata ejecución, dirigidos a salvar empleo y promover inversiones, como las excepcionales circunstancias lo demandaban. Excesiva minucia y adorno innecesario, pero NADA, absolutamente NADA justificaba generar esta crisis ministerial.

¿De qué le sirvieron los diálogos con los partidos políticos, si estos caballeros parecen no tener palabra? La izquierda se ha convertido en un nido de desleales empecinados en destruir todo aquello que huela a consenso, capitalizan el caos. Hay de todo en el Congreso menos racionalidad, sindéresis y sentido común.

Soy muy crítica de este gobierno, pero hay que conocer límites y priorizar el bienestar de los peruanos, el factor odio ha entrado de lleno a nuestra política; tenemos, es una obligación imperativa, reconstruir nuestra convivencia antes que la tempestad termine de deshacernos. Señor Vizcarra, éste es el monstruo que usted creó. Aquellos que le aplauden ciegamente, no son capaces de dimensionar el daño que usted le ha generado al país.

Ya tenemos el texto de la lápida del 2020, el PBI cae dramáticamente un 13%, esa cifra fría no solo significa que hemos perdido riqueza, sino que se traduce en un tornado de inversiones paralizadas, locales cerrados, familias con la cadena de pagos quebrada, recurriendo a usureros y coqueteando con la violencia, retroceso de la pobreza en 10 puntos y mucha desesperanza. Caer en el infierno es sencillo y los sedantes (bonos) pueden hacernos temporalmente insensibles al dolor pero es inmensamente complicado regresar al cielo. Algo debemos haber hecho aquí particularmente mal para que el Perú sea el país con la mayor caída de Latinoamérica.

Durante meses nos han mentido y han montado un espectáculo, nos han mostrado la realidad que el gobierno quería que viéramos, un Truman Show o, como en su oportunidad lo hacía el almirante Potemkin, amante de Catalina La Grande, que se especializó en levantar decorados rurales de madera y cartón pintados que simulaban prósperos pueblos en la Rusia vacía para engañar a los embajadores extranjeros que ni bajaban del carruaje. Los farsantes actuales no necesitaron ornamentos especiales, les bastó una prensa sumisa y un claqué bien aceitado.

Pero ¿qué se puede esperar del señor Martín Vizcarra si es incapaz de dar el ejemplo desvinculando a Mirian Morales y todas las personas de su entorno que se han aprovechado del tarjetazo, como en su oportunidad sí se hizo con el médico Carlos Moreno?

Ya lo dijo Simone de Beauvoir: lo más escandaloso del escándalo es que al final te acostumbras o te resignas. Ambas nefastas opciones.