Hace bien la Comisión de Defensa al Consumidor y Organismos Reguladores de los Servicios Públicos del Congreso de la República, en debatir la aprobación de un proyecto de Ley que “promueva la competencia en comercializar productos farmacéuticos en beneficio del consumidor”.

Hace bien porque propuestas como ésta permitirían que establecimientos dedicados a la fabricación, importación y distribución de productos farmacéuticos vendan directamente al público, de manera virtual o con reparto a domicilio, productos que no requieren receta médica, utilizando modalidades como delivery o venta por internet. Y ocurra lo mismo en supermercados y tiendas por departamento con medicamentos para afecciones leves y de uso frecuente que tampoco requieran receta.

Una medida como ésta significa una democratización en el acceso a medicamentos o tratamientos médicos, pensados en función del paciente, pues ahora podrán tener mayores canales de distribución, con la ventaja de no tener que pasar por intermediarios que, obviamente, le añaden un valor agregado administrativo y comercial que encarecen estos medicamentos antes que lleguen a la mano del público usuario.

Otra medida que busca contrarrestar este proyecto de Ley es que los vendedores que atienden en las farmacias no fomenten la sustitución de los medicamentos recetados por los médicos, recomendando marcas fabricadas por las mismas corporaciones que son dueñas de las cadenas farmacéuticas. Esta inducción al paciente es una clara señal de competencia desleal que sería prohibida y penalizada a partir de ahora, con todo el peso de la Ley.

Por supuesto, quienes se oponen a este tipo de iniciativas legislativas ponen el énfasis de sus críticas, en la sobrerregulación que la norma exigiría al sector, fiscalizando los stock y precios de las medicinas que tengan a disposición para el público en farmacias y laboratorios.

Pero, a decir verdad, esta perspectiva del impacto empresarial resulta intrascendente, si el objetivo es que los peruanos tengamos mayores opciones de acceso, con un mercado más competitivo, mayor competencia, y siempre velando porque los medicamentos que nos vendan sean de la mejor calidad y eficacia.

Si a esto le sumamos iniciativas que promueven la necesidad de que los usuarios tengan mayor información sobre el tipo de medicamento que compran, como el etiquetado que debería acompañar los medicamentos genéricos bioequivalentes (que han demostrado ser tan eficaces como los originales) de los genéricos que no lo son (a pesar de que le pongan una marca), de los medicamentos innovadores (aquellos que son originales), sin duda estaríamos ante pasos importantes que beneficiarán al paciente en un futuro cercano.