A más de seis años de nueva ley universitaria es necesario revisar y mejorar determinados artículos a la ley N° 30220. Se han hecho avances importantes como el licenciamiento de las universidades que aseguran las condiciones básicas de calidad, en este tema no hay vuelta que darle pese a maniobras que se han intentado para frenar este logro; sin embargo, en opinión de esta columnista integrante del Congreso que aprobó la ley en julio de 2014, es conveniente afinar determinados artículos. Veamos, el artículo 40 refiere que cada universidad determina su diseño curricular, sin embargo el siguiente artículo determina la obligatoriedad de los estudios generales de pregrado habiendo aquí una aparente contradicción, el diseño curricular es un todo y no puede darse libertad solo para que las universidades escojan los cursos específicos y de especialidad, cada universidad debería tener libertad para decidir si incorpora o no los estudios generales, algunas universidades han tenido que sacrificar algunos cursos de especialidad para dar pase a los obligatorios de estudios generales generando muchas veces confusión en docentes y estudiantes; recuerdo la toma de la ciudad universitaria de San Marcos en la actual gestión donde pedían los estudiantes la eliminación de dichos estudios generales.

Y donde sÍ se ha dado plena libertad, esto es en la implementación de los procesos electorales internos de cada universidad, vemos que se hace mal uso en algunas de ellas, permitir por ejemplo que la lista ganadora para la Asamblea Universitaria (máximo órgano de gobierno) haga copamiento total es absurdo y peligroso porque anula el equilibrio que debe existir en toda organización, se supone que debe existir y salvaguardar la participación de las minorías; una situación como la aquí descrita haría que el artículo 77 de la ley esté pintado en la pared ya que este determina que la Comisión Permanente de Fiscalización se encargará de vigilar la gestión académica, administrativa y económica de la universidad pública y que estará conformada entre otros por dos docentes miembros de la Asamblea Universitaria, si estos van a provenir de ganadores “absolutos” de las elecciones, pues entonces tendremos la figura indeseada del otorongo no come otorongo, pensamos que la ley debe regular esto.

Asimismo es inaudito que se permita que puedan ser decanos de una facultad sin ser de la especialidad, donde se pueden dar casos que un médico veterinario pueda ser decano de una facultad de medicina humana simplemente por tener el grado de magíster o doctor como está escrito ahora, no confundamos grados con títulos, ya que lo que identifica y distingue a cada facultad es el título que otorga y casi la totalidad del cuerpo docente de una facultad está conformado por titulados en su especialidad; este artículo 69 así como está ahora está generando crisis de representación en nuestras primeras casas de estudio y debe ser revisado y mejor regulado teniendo en cuenta esta observación. Finalizo esta columna deseándoles una bendecida Navidad 2020!!